Esta entrada fue escrita por la Psic. Rosa María Mondragón Becerra.
El ser humano ante fenómenos naturales que sobrepasan su comprensión y capacidad de reacción es confrontado con situaciones que vulneran su salud mental a corto, mediano y largo plazo alterando su relación con el medio ambiente y funcionamiento en el día a día. Los efectos de cualquier suceso traumático o catástrofe en el individuo dependen generalmente del tipo de evento, la intensidad, el origen, los rasgos de personalidad del afectado y el contexto social, histórico o cultural en que se suscitó. De acuerdo a la OMS los trastornos más comunes derivados de situaciones de catástrofe son: ansiedad, ataques de pánico, estrés postraumático y demencia. Además de alteraciones del estado de ánimo como: adicciones y comportamientos agresivos; algunos de ellos pueden permanecer y reforzarse con el paso del tiempo.
Es importante destacar que los síntomas no se manifiestan durante o inmediatamente a la situación adversa, de crisis o traumática. En el caso del trastorno por estrés postraumático se pueden presentar síntomas en el transcurso de 6 meses a un año, sin embargo su aparición no es indicador de la existencia de psicopatologías graves; los síntomas deben ser comprendidos como una respuesta adaptativa al estrés postcrisis. Mientras que la aparición de uno o más ataques de pánico en el transcurso de un mes sí es indicio de presencia de psicopatologías, pueden ser asociados directamente a síntomas vinculados con trastornos de ansiedad y depresión previos. Es común que los síntomas aparezcan o se agudicen en etapas de vida tempranas, durante la adolescencia y niñez.
En el escenario actual de crisis por el Coronavirus, los ataques de pánico se agudizan y responden en su mayoría a trastornos de ansiedad que habían aparecido con anterioridad en la vida del afectado. De acuerdo a los manuales establecidos por la OMS para la detección de ataques de pánico se distinguen 9 síntomas que corresponden a respuestas fisiológicas: aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, sensación de ahogo, atragantamiento, opresión en el pecho, náuseas, malestar abdominal y adormecimiento de cualquier parte del cuerpo o escalofríos; y 4 que corresponden a respuestas psicológicas: miedo intenso, sensación de extrañeza, alteración de la percepción o en el más extremo de los casos despersonalización.
Los ataques de pánico suelen manifestarse con agorafobia (miedo a los espacios abiertos o cerrados) o por abandonar una situación que nos resulta placentera; por ello las crisis de angustia con que generalmente se acompañan son resultado de la presencia de otro trastorno de comportamiento como podrían ser: depresión, fobias, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno de ansiedad generalizada, entre otros. Una característica común de los ataques de pánico es que se acompañan de miedo a sufrir nuevas crisis y preocupación intensa sobre los efectos de ellas en el comportamiento, son de carácter repentino y por lo general las personas que los padecen desconocen lo que los origina, desde su percepción interna no pueden ejercer control sobre los síntomas y reacciones corporales.
Para algunas personas con depresión y trastornos de ansiedad la crisis por el COVID-19 y los constantes llamados de los medios de comunicación e instancias gubernamentales o de salud a tomar precauciones son detonantes de episodios clínicos. El miedo y la preocupación continua por uno mismo, los miembros de la familia y amigos pueden desatar reacciones severas de angustia.
La interrupción abrupta a la rutina cotidiana afecta el desempeño de quienes padecen ataques de pánico. El miedo y la preocupación son respuestas naturales e instintivas a situaciones que amenazan la supervivencia; sin embargo pueden desencadenar pensamientos obsesivos, conductas compulsivas, e incluso hipocondriasis cuando se pierde el control de la situación.
Por las restricciones actuales para muchos es imposible acudir a terapia, la imposición de reglas, la reducción del contacto social, el aumento del tiempo en línea y la recesión de actividades detonan episodios depresivos y agorafobia que conducen a condiciones precarias de aislamiento y soledad que refuerzan la enfermedad mental.
¿Qué puedes hacer al respecto?
a) Si tú, tus familiares o amigos presentan alguno de los síntomas mencionados permanezcan en contacto con personas de confianza por videollamadas, llamadas, mensajes de texto y notas de voz.
b) Pregunta por sus estados de salud y habla del tuyo, cómo les va, sé realista y ofrece o pide una escucha segura.
c) Si te encuentras en proceso terapéutico, pregunta al terapeuta si es viable continuarlo por Skype o Facetime.
d) Si te encuentras en tratamiento psiquiátrico, continúa con tu medicación y mantén contacto con el médico responsable.
e) Desarrolla una rutina y da continuidad a las actividades cotidianas desde casa.
f) Infórmate por medios de comunicación confiables e intenta corroborar si las fuentes de lo recibido son verídicas, desconéctate si es necesario.
g) Invierte el tiempo libre en actividades que refuercen procesos cognitivos como: lectura, escritura, ver tutoriales, juegos de habilidad mental, cocina, costura, tejido, etc.
h) Si te encuentras en óptimas condiciones apoya a personas en situación vulnerable a realizar compras y verifica que continúen con sus tratamientos médicos, psiquiátricos y psicológicos.
Bibliografía consultada:
American Psychiatric Association. (2002). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV- TR. Barcelona. Masson.
Rodriguez, Jorge. (2009). Guía práctica de la salud mental en desastres. Washington. OPS.