Llevo dos días sin bañarme y con el mismo pants. Ayer dormí hasta las 12:30 del día y casi no quise desayunar. Lloré por la noche antes de dormir y no quise ni tocar el libro nuevo que apenas comencé. Hoy, cuando abrí los ojos, me encontré con la neblina densa. Como lo he hecho casi desde que tengo memoria. Es como si tuviera un velo en los ojos que no me permite mirar propiamente por dónde camino.
La depresión es difícil de explicar. No siempre se puede hacer que los demás entiendan lo que tienes en la mente y en el corazón. Para mí es eso: neblina. A veces más densa que otras.
He estado peor. He tenido períodos muy largos de tristeza, he sentido los puntos bajos muuuuuy pero muy bajos. Ahorita no es, ni por poco, de los peores momentos de mi vida. Sin embargo, hoy me desperté con la neblina. A veces desaparece, incluso al cien por ciento. Otras, simplemente está ahí, atrás del escenario de mi vida, permeando casi todo lo que me rodea. Una neblina que no me deja llevar mi vida con normalidad y que me tiene yendo al baño cada tanto a llorar. Una neblina con la que he aprendido a vivir, a sortear el trastorno de ansiedad que me arroja a la cara, a tratar de disiparla y dejarla ir.
Hoy abrí los ojos y no tenía ganas de despertar, ni de moverme de la cama, ni de desayunar. Me forcé a pararme y a prepararme de comer. Incluso me senté en el escritorio a tratar de seguir con mis proyectos por un rato. No logré mucho, prácticamente logré nada. Si por mí hubiera sido, me habría hecho bola en la cama y habría dormido todo el día de ser posible. Salí a pasear al perro con Luis y me solté llorando como si el cielo se fuera a caer. Lloré largo y tendido, me hice bola en la cama, me quedé dormida un rato. Me pasé al sillón, traté de poner una película, volví a llorar otro ratito más. Me arden los ojos, me duele la cabeza y sonreír duele en mi cara. Ver personas no es una opción, convivir no está dentro de mis posibilidades ahorita.
No sé bien a qué se debe este específico momento de desesperanza, eso lo desentrañaré dentro de un par de días que tenga mi sesión de terapia y vuelva a llorar largo y tendido. Tal vez es el estado del mundo, el encierro por la pandemia, mis proyectos estancados por la misma, no lo sé. Sé que sufro de un trastorno depresivo persistente, que es difícil deshacerme de él. Aunque ahora me siento pésimo y esto parece un retroceso, sé que sanar no es lineal y en esta batalla hay altas y bajas. Sé que mañana será otro día y otra oportunidad de disipar la neblina. Sé que hoy debo seguir mi tratamiento, encontrar confort en las pequeñas cosas, permitirme sentir la tristeza, convencerme de que esto no es permanente.
No escribo esto para que me tengan lástima. Ni siquiera para obtener compasión. Lo escribo porque a veces parece que las personas deprimidas sólo queremos echar la flojera y no es así. Y lo escribo porque me gustaría ayudar a aquellos que se sienten de la misma forma que yo. Quisiera lograr comenzar la conversación sobre la importancia de la salud mental, lo importante que es ser empáticos y conectar con otros, dejar de alejar a las personas que parecen tristes. Quiero hacerlo visible, porque tal vez a veces siento que la vida no tiene mucho sentido… pero a pesar de todo, aquí estoy. Viviendo.