Este testimonio fue enviado por Diana quien quiere compartir su experiencia lidiando con la depresión, ansiedad y anorexia nerviosa.
Anorexia
Yo toda la vida fui “gordita”, así era como me decían y siempre fui molestada por eso, en la escuela, en mi familia, de hecho es triste porque son los primeros que te meten en la cabeza que algo no está bien contigo.
En este caso, mi peso.
Siempre era tipo “no comas esto”, “gorda”, “comes mucho hija” y así. Entonces pues crecí toda mi vida con eso, desde esa edad, como 9 años, se me metió a la cabeza que el ser delgada era lo mejor que podía pasarme, recuerdo que pedía con todas mis fuerzas ser delgada. Pasó el tiempo y no, pues no era delgada y seguía escondiéndome, recuerdo perfectamente que comía a escondidas, enfrente de personas, sí, pero siempre agachada y mis compañeros preguntaban por qué y yo solo no contestaba porque aparte era tímida, entonces no hablaba realmente. Así fue hasta secundaria, me empezaban a gustar los niños pero pues yo a ellos no, porque era “gorda” y así me lo hacían saber claramente indirectamente o a mis espaldas y sufría mucho. Era terrible para mí que me pesaran enfrente de mis compañeros porque realmente sufría. Así fue hasta que cumplí 14 años y me enviaron con una tía a México de vacaciones, también me hizo saber que estaba gorda, ella es la tía directa pero que no mide sus palabras. Yo era una niña. Me fui dos meses y baje de peso, lo más bajo que había estado 65 kg, para mí era un logro y me sentía increíble. Entonces regresé a donde vivo y pues sí se notaba, estaba más delgada, no tanto para la gente, así que no fue un “wow”, solo fue “sí, estás menos gorda”.
En ese entonces yo empecé a ser menos tímida, a hablar más y a llevarme más con gente, todo estaba “bien”, estaba en secundaria y en el recreo no comía más que una paleta o unas papas y ya había culpa. Llegaba a comer a casa y después vomitaba, nadie se daba cuenta. No duro mucho. Entonces entré a preparatoria y subí muchísimo de peso casi 30 kg, ya era otra vez la gorda, la que caía bien solamente, la que salía con sus amigas y nadie pelaba, claro que sufría pero no le tomaba importancia y pudiera decir que hasta era feliz en verdad. Así fue que hasta mis 16 años perdí (falleció) una persona muy importante. No pude con eso, yo pedía con todas mis fuerzas morir. Realmente me quería morir. Pero no, como no sucedió decidí hacer algo. Empecé a bajar de peso, porque aparte, claro que los doctores para toda enfermedad tenía que bajar de peso y no digo que sea sano la obesidad, pero no te dan chance de amarte tampoco, de encontrar tu proceso, de bajar de forma buena, de nada, porque solo está mal ser gordo. Entonces decidí bajar de peso, recuerdo que empecé a dejar de comer muchas cosas, un año sin nada dulce. Y veía resultados, bajaba un kg por semana, según sé eso no es muy sano. Pero nadie decía nada, aparte de que mi familia no estaba bien informada, ni yo tampoco. Bajaba 4 kg por mes y se empezaba a notar mucho, la gente me felicitaba y llegué a los 75, tampoco estaba bien para toda mi familia, todavía era demasiado, la verdad es que nadie lo veía mal, ni yo, pero estaba mal porque empecé el proceso sin conocimiento, sin ir a un nutriólogo, solo deje de comer mucho, hacía dos comidas al día y todo estaba bien, entonces llegue a los 65, ya nadie le daba importancia, estaba bajando y estaba ok, ya se estaba acostumbrado a que estaba bajando, ese era mi meta, 65 porque era a lo mínimo que había llegado. Pero continué con la “dieta” y vi que estaba bajando más y más hasta que llegue a los 58, sé que ya traía secuelas de problemas con la comida, pero jamás olvidaré la diferencia que marcó ese 58, empecé a obsesionarme, empecé a ver cómo podía bajar más y más y desgraciadamente toda esa información se encuentra en todos lados. Porque es súper normal querer bajar de peso aunque tengas un peso sano. Tampoco olvidaré como marco emocionalmente porque empecé a sentir cosas que jamás había sentido, tantas desesperación, tanta tristeza, tantas emociones que no podía controlar, tantas ganas de no existir. Hace unos días leí un tuit de una persona que tuvo un Trastorno Alimenticio y me sentí tan identificada, la cito “tener un TA es más que querer ser delgada/bonita. Para mí tiene que ver más con ganas de ser chiquita (en todos los sentidos), de no hacer ruido, de no molestar. Es como querer desaparecer, matarse poquito a poquito, intentado no molestar a nadie”. Y así me sentía/siento. Era una obsesión el bajar de peso, quería más y más, nunca fue suficiente. No es totalmente cómo sale en las películas que te ves literalmente obesa, simplemente no te ves como te gusta, no llegas a decir, perfecto soy delgada, porque no recuerdo en ningún punto haberlo pensando. Solo quería ser chiquita, que no me viera. En ese tiempo me encerré, salía poco y realmente la pasaba mal, no comía cuando salía, estaba triste y no disfrutaba nada, ni las pláticas que yo amaba con mis amigas. Comía una vez al día, hasta que llegó la desesperación por comer, mi cuerpo lo pedía, entonces llegaron los atracones, en pocas ocasiones vomitaba después de ellos, pero normalmente era sentir una culpa y llorar y llorar. Hasta que empecé a cortarme. Atracón, encerrarme a llorar y cortarme. Se volvió un vicio, hasta que llegaron los laxantes y a ese círculo se les unió. Ahora era atracón, laxante, llorar y cortarme. Hasta que deje de comer. Y era, atracón, laxante, llorar, cortarme, dejar de comer tres días. Y fue un vicio, hasta que empezó a preocuparse mi familia. Me llevaron con el psiquiatra y psicóloga y me diagnosticaron anorexia nerviosa, trastorno de ansiedad y depresión. Y me valió, realmente no hice caso, seguí con lo mismo, me medicaron y me tomaba hasta 6 antidepresivos y era descarada se lo decía a la psicóloga. Entonces empecé a salir de fiesta, deje el psicólogo y empecé a tomar y me gustaba, se sentía bien, no era consciente de la comida, tomaba para olvidar y parecía que la gente me aceptaba porque era delgada. Mucha familia intervino, les preocupaba un poco el diagnóstico, pero tampoco lo creían de todo, así que pasó, yo me sentía cada día más basura y sin ganas de existir. Así fue hasta que subí a 55 y me dolió, pero no pasaba nada yo sabia que tenía el control y que en cualquier momento podía de nuevo bajar. Era “feliz”. Conocí mucha gente, encontré personas, etc. Una vez me corte el brazo y me llevaron al hospital con regaños, no era intento de suicido porque ni siquiera fueron las venas pero para mi familia (menos mi mamá y hermanas) era por querer llamar la atención. La misma enfermera lo dijo. Por eso es bien importante que se consideren mucho las enfermedades mentales, porque no, no son porque querer llamar la atención. Cabe mencionar que mi mamá y mis hermanas, siempre estuvieron conmigo. Y les agradezco. Pero continuó todo el problema, había días en que no comía, había días en que tomaba mucho. Era mi vida. Hasta que me rompieron el corazón y escapé de donde vivía. Porque cabe aclarar que siempre evito los problemas y me es mejor escapar o hacerme mensa. Ya había subido a 70 kg pero allá me puse a trabajar y baje 58. Cuando llegué era muy criticada por cómo me vestía y que siempre estaba desarreglada ah porque eso siempre también ha sido un problema en todos los lugares como me visto, que no me arreglo demasiado, pero pues es que en realidad jamás he sido de pintarme o arreglarme mucho. Y mucho menos cuando no me gusto, o sea cuando no me siento cómoda con mi cuerpo. Y no me sentía hasta que baje y empecé a arreglarme. Pero baje comiendo una vez al día, con atracones, laxantes y dejando de comer. Otra vez el vicio. Hasta que me embarace y subí mucho. Otra vez casi 30 kg. El embarazo fue bonito, pero para mi tormentoso, engorde demasiado. Eso fue en el 2016. Cuando di a luz y di pecho pensé que bajaría pero no fue así hasta ahora casi cuatro años después no he podido recuperar mi peso. He bajado pero no mucho y he estado en ese lapso de bajar/subir dentro de estos años. Y estaba bien, hacía ejercicio, comía bien. Hasta que principios del 2019, todo se vino abajo. Aclaró que cuando nació mi bebé fui muy feliz, dejé atrás todo y decidí empezar de nuevo. Pero recaí en el 2019, volvió la ansiedad, la depresión y la comida. La verdad es que todo este tiempo 2016-2019 me preocupo siempre la comida pero no le tomaba demasiada importancia. Hasta mediados del 2019 que empecé a comer una vez, al día, atracones pero ya no laxantes, ya no dejar de comer. Y baje. Pero no tanto porque había días que comía mucho. Me he informado y mi pareja me ayuda a informarme porque es muy fan de la alimentación y ejercicio. Pero lo cierto es que no me importa, yo solo conozco una forma de bajar y me cierro totalmente a todo lo demás. Voy con la nutrióloga pero no hago caso. Me medicaron de nuevo, porque había dejado el psiquiatra y el psicólogo y no tomo mis pastillas como son. Solo las de dormir y eso porque si no no duermo, me aterra la hora de dormir y no sé por qué. Y estoy ahorita otra vez, laxándome, comiendo dos veces al día, atracones y con la culpa, con el asco hacia mi cuerpo y lloro. De verdad es inimaginable las veces que lloro cuando me veo al espejo. No me gusta. Y sin embargo, todo el tiempo lo hago.
No tengo un peso bajo, de hecho sobrepeso sí y puedo decir que la anorexia está igual de presente que siempre. Que no es necesario estar baja de peso, porque no solo es el verte súper delgada, va más allá, la relación tan mala que tienes con la comida, el miedo que le tienes, que cada instante cuentes las calorías, culpa al comer, no gustarte y sí como anteriormente cité “querer ir desapareciendo poquito a poquito sin que nadie se dé cuenta”. No, no se me ha quitado, nunca la traté, estoy en terapia y es difícil. Sobre todo porque es una enfermedad que llevarás contigo toda la vida y que siempre tendrás que luchar contra eso. Yo intento luchar. Pero lo cierto es que lo estoy haciendo todo mal. Y ni siquiera creo querer hacerlo. La verdad estoy tan acostumbrada a sentirme así que no creo tener ni las ganas ni las fuerzas para querer salir de esto. Y es triste.