Esta entrada fue escrita por Jimena Campero, maestra de yoga que nos comparte cómo relaciona la práctica de yoga al proceso de mejorar nuestra salud mental. Puedes seguirla en @jimenacampero en Instagram.
Aún recuerdo el día que recibí un mensaje en el que me preguntaban si sabía dar clases de meditación, pues estaban buscando a una maestra para entrar a un psiquiátrico para guiar esta práctica a los pacientes del hospital. Yo acababa de terminar el curso de Yoga Sensible al Trauma por lo que no dudé ni un segundo en aceptar la clase.
“¿No te da miedo?” “¿Pero cómo vas a dar clase ahí?” “¿Entras sola?”, este tipo de peguntas fueron las que me hacían cuando contaba mi experiencia con mis conocidos, si algo me ha enseñado el yoga es que todos somos uno y si a través de esta práctica puedo ayudar a la gente a encontrar un espacio de calma y tranquilidad, no pensaré dos veces en hacerlo.
Sin duda la salud mental es algo de lo que aún no se puede hablar de manera tan abierta, el escuchar los prejuicios que tienen las personas me deja claro que aún hay un gran camino por recorrer, sin embargo, hemos avanzado mucho.
No voy a negarlo, al principio los residentes no me recibían de la mejor manera, pero poco a poco fui recibiendo comentarios como “Si el paciente de la habitación x no quiere entrar a tu clase me avisas pues debe asistir” o un “oye se acercó x paciente para decir que se sintió muy bien con tu clase”. Actualmente tengo dos años y medio ingresando al psiquiátrico a dar clases y a lo largo de este recorrido he ido utilizando varias técnicas; ejercicios de respiración, yoga, meditación y, lo que más disfrutan, sonoterapia.
Yo no sé mucho de diagnósticos de salud mental, pues mi formación es administrativa y como maestra de yoga, pero lo que sí puedo decir es que me doy cuenta de cómo los alumnos/pacientes van mejorando, incluso sé cuándo su alta se acerca.
Me gustaría contar un momento que para mí fue clave, para saber que estaba haciendo lo correcto con y para ellos:
Hay un alumno que tiene esquizofrenia y al principio yo lo invitaba a mi clase, pero él no quería tomarla pues le incomodaba que yo pudiera leer sus pensamientos. Durante su estancia en el hospital, comenzó a sentarse cerca de donde yo daba la clase, luego ya estaba en el grupo y un día que llegué me dijeron las enfermeras “ya te están esperando”, mi sorpresa fue que él era quien había invitado a todos a ir por su tapete para esperarme en el jardín. Al final me dijo: “Con tu clase me siento muy bien, me siento yo y quise que los demás también pudieran experimentarlo.”
Sin duda, los prejuicios estarán, pero no somos un diagnóstico, como les digo a ellos. No somos nuestros pensamientos, estar en el hospital es de valientes y poder levantar la mano cuando sentimos que algo no está bien es algo que debemos empezar a hacer sin temor, no estamos solos, siempre hay alguien listo para escucharnos y acompañarnos en el proceso de sanación. Lo más importante es perder el miedo al qué dirán y abrazar lo que sea que estés viviendo el día de hoy.
Si te sientes perdid@ solo escucha el ritmo de tu respiración, pues te ayuda a regresar al momento presente.