Testimonio 15: Salud mental y éxito profesional: Van de la mano para llegar a la cima

Esta entrada fue escrita por Ale Vidal, amiga, editora, comunicóloga y emprendedora.

Curiosamente, este texto lo comienzo a escribir bajo una crisis de ansiedad algo significativa. He de aceptar que mi exceso de futuro ha sido una constante (que afortunadamente he sabido manejar) en mi camino para llegar a la cima.

Más allá de renegar por ello, agradezco por la inteligencia emocional y herramientas que he adquirido a lo largo de mi vida para hacerle frente. Spoiler, los podcasts, libros de autoayuda, playlist empoderadoras y series informativas SÍ aportan un valor importante y resolutivo al momento de resolver una situación donde se vea comprometida tu salud mental.

Ojo, se vale adquirir información con respecto a salud mental, pero no podemos prescindir del apoyo, guía y soporte de especialistas cuando nos sintamos absorbidos en una crisis de ansiedad, depresión o similar.

En lo que a mí respecta, nadie me dijo que plantearse objetivos y llegar a cumplirlos demandaría un alto grado de equilibrio emocional. Sabía que el camino para llegar a la cima sería difícil, pero nunca pasó por mi mente que los verdaderos retos a los que me enfrentaría serían los de controlar mis emociones bajo distintas circunstancias.

El aprendizaje y el estar pendiente de mi salud mental, comenzando por priorizarla para después entenderla y terminando con cuidar de ella, ha sido el más difícil de mis objetivos. Y pensar que ni siquiera la había considerado como uno de ellos.

En el tema profesional, mis emociones y mis pensamientos han ido y venido, como seguro lo han hecho los tuyos. Has formado parte de diversos equipos, en los que te ha tocado seguir y escuchar órdenes, implementar acciones, de vez en cuando participar en lluvia de ideas, recibir regaños, sentirte poco valorado o demasiado valorado (síndrome del impostor…)

En resumen, tu cabeza como la mía, se ha disparatado una y otra vez pensando y sobre pensando, y como te escribí en un principio, cayendo en las crisis de ansiedad, mejor conocidas como exceso de futuro.

Lo sé, es tortura abrir los ojos a un nuevo día, estar recostado en la cama y no pensar en qué va a pasar mañana. Esas ganas de adelantar las cosas para saber qué nos depara el futuro son tan inmensas que a veces se nos salen de las manos, nos descontrolan, inhabilitan y cuando menos lo esperamos, ya estamos entrando en un episodio de ansiedad. A veces me digo, “tranquila, Ale. Ni siquiera te has tomado el café de hoy”.

Hoy en mi presente muy consciente te puedo compartir que, mis objetivos alcanzados, mis éxitos, todo lo construido en lo laboral, han sido labrados desde mi conocimiento, talento y experiencia, pero sobre todo, levantando la mano… ¿Pero por qué o qué?

Porque me costó muchas lágrimas, desesperación y confusión, entender que no estamos solos. Que si hemos de avanzar en el tema personal y profesional, lo hemos de hacer apoyándonos en nuestra red de apoyo…

Mamá, papá, hermanos, pareja, terapeuta, amigos, maestros… Se vale levantar la mano y pedir ayuda. Dejar de creer que solo están ahí para aplaudir avances y éxitos, y darnos cuenta que nuestros más cercanos también están dispuestos a escuchar, contener y auxiliar, es abrirnos las puertas a un soporte que suma a nuestra estabilidad mental.

Si lees de nuevo el párrafo de arriba, seguro te darás cuenta que el evitar pedir ayuda y mostrarse vulnerable es sinónimo de ego. Otro demonio al que me tuve que enfrentar más de una vez. Creer que todo lo podía sola, lo único que hizo fue atarme y retrasar mis planes tanto personales como profesionales.

Seguro podría seguir ahondando en lo mucho que me ha costado conquistar varias cimas, pero por hoy, sin correr y sin ese exceso de futuro, te invito a disfrutar de lo que has cosechado hoy, porque es lo que tienes. Lo que puedes disfrutar y con lo que puedes trabajar.

No dejes que el futuro te consuma, no tengas miedo a pedir ayuda. Si esa ansiedad comienza a apoderarse de ti, y no encuentras las herramientas necesarias para salir de ella, ¡levanta la mano! Busca tu red de apoyo. Y si crees que no la tienes, leelo de nuevo… ¡levanta la mano! Hay alguien que siempre está dispuesto a contener esos episodios que tanto te están costando.

¡Nos vemos desde nuestras cimas!

Deja un comentario