Distinguiendo la depresión de la tristeza

Artículo por la Psic. Martha Gómez-Silva S.

En la atención privada de pacientes que acuden a tratamiento por estar atravesando un periodo de depresión, hay algunas consideraciones preliminares que me gustaría compartir.

Etiquetas «No me gustan las etiquetas, ni las que me ponen ni ponérmelas yo porque me limitan» (C.M.V., 13 años, paciente)

Tristeza y depresión son dos estados diferentes. El primero lo sentimos, por ejemplo, cuando algo nos desanima o desalienta, cuando intentamos lograr algo que no alcanzamos…aun, también al hallarnos agotados física y/o emocionalmente. Es medianamente temporal y, diría yo, que está más condicionado por circunstancias externas. En ocasiones la tristeza es antecedida por un episodio de angustia. 

La depresión, por otra parte, tiene elementos tanto emocionales como fisiológicos que redundan en las actividades y compromisos sociales (escolares, laborales, etc.) y en los sentimientos de la persona. Alteraciones o disfunciones en la producción de hormonas del cerebro, fatiga excesiva, pensamientos recurrentes, desinterés por las actividades diarias de la persona, sentimientos negativos, entre otros, están presentes durante un periodo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression ) consistente en dos semanas.

Somos seres discursivos, la palabra designa lo que pensamos; sirve para comunicarnos con los demás y también para nuestro diálogo interno. Al decir «Estoy feliz» y «Soy feliz» expresamos dos estados diferentes. Nos lo decimos. Lo mismo ocurre con el uso indiferenciado de «Estoy triste» y «Estoy deprimida». El primero asume una transitoriedad con respecto a un estado de ánimo. El segundo categoriza dicho estado de ánimo y lo eleva a la categoría de enfermedad.

Así que  antes de colgarnos la etiqueta de Depresión, es necesario diferenciar estos dos estados y luego, definir qué es lo que está ocurriendo, para finalmente establecer la línea de acción a seguir en el tratamiento.

Colgarnos la etiqueta, recordemos, sirve de auto-justificación para desatender la salud mental y descomprometernos con nuestro bienestar, para dejar en manos de otros lo que antes que nada nos corresponde. 

Resulta más conveniente, sano y proactivo, determinar si se trata de un episodio de profunda tristeza o si se atraviesa un cuadro depresivo. Personal calificado en Salud Mental podrá apoyarte en ello.

La psicóloga Martha Gómez-Silva tiene experiencia en psicoterapia individual y grupal desde hace más de 25 años. Ha participado en diversos cursos, seminarios, conferencias y talleres sobre temas de psicología infantil, psicología del desarrollo humano, características de la adolescencia, violencia de género y violencia familiar, entre otros.

Puedes seguirla y contactarla a través de su página oficial de FB: Psic. Martha Gómez-Silva S.

A título personal, ¿qué es la ansiedad?

Les comparto esta pequeña reflexión que tuve hoy durante mi terapia. Una reflexión que quiero publicar por lo poderosa que me hizo sentir. A justo cuatro años del primer ataque de pánico fuerte que tuve, me doy cuenta de mi progreso y me felicito, pues las pequeñas y grandes victorias en esta lucha constante deben de ser celebradas.

Hoy mi terapeuta me preguntó qué significa la ansiedad para mí.  Lo primero que pensé fue: obstáculo.

Obstáculo para socializar, para llevar mi vida de manera normal, para ser yo. Un malestar que no me permite funcionar al cien. Significa un miedo desproporcionado de morir, de caer en ese preciso momento y no volver nunca más. Significa sudoración fría, corazón latiendo al mil por hora, dolor de estómago, ganas de vomitar, temblor de piernas, sensación de desmayo, ganas de arrancarme la ropa. Ganas de salir corriendo. Ganas de morir.

Luego le dije que quizás eso fue lo que significaba al principio.

Tras tantos años sufriendo de TAG, la ansiedad ha cobrado nuevos significados, se ha reescenificado, se ha transformado.

Hoy por hoy no significa miedo, no significa muerte ni obstaculización. Hoy es parte de mi vida, no lucho contra ella, sólo le demuestro que puedo hacerlo, que puedo controlarla, que puedo manejarla. «Déjate venir», le digo; y la abrazo al mismo tiempo.

Hoy por hoy la acepto, convivo con ella.

Hoy por hoy me enseña que soy mucho más de lo que me hace sentir, que doy pasos de gigante cada vez que la logro combatir.

Hoy mi ansiedad significa la gran capacidad que tengo para florecer y vencer, para volver a vivir.

Diciembre y la depresión

Estamos en vísperas de navidad y para muchas personas estas fechas son particularmente difíciles. En diciembre las cifras de depresión y suicidio se disparan y, contrario a lo que se puede pensar, muchas personas se ven inmersas en sus problemas emocionales más que en cualquier otra época del año.

A pesar de que la navidad y el año nuevo prometen amor, paz, alegría y armonía; para mucha gente no es así. Existe la presión económica, los recuerdos dolorosos si hemos perdido a un ser querido recientemente y muchos factores más que actúan en contra en estas fechas.

¿Por qué sucede esto?

Más que nada, se debe a que el fin de año anuncia un momento de reflexión profunda sobre nuestra posición. Evaluamos el balance de nuestra vida personal, nuestras relaciones humanas y nuestro entorno. Solemos compararnos con lo que los demás están viviendo a final del año y pensamos en lo que carecemos, en lo que solíamos tener o en dónde nos gustaría poder estar en nuestras vidas.

La nostalgia se activa en las fiestas decembrinas, pues los recuerdos de nuestra infancia y de tiempos pasados en donde todo parecía mejor se hacen más presentes. Además, si se tienen recuerdos dolorosos de la infancia durante la navidad y fin de año, pueden ser un detonante para sentirnos más deprimidos de lo habitual.

¿Qué podemos hacer?

Si ya nos encontramos bajo tratamiento psicológico, psiquiátrico o ambos, lo mejor es seguir las recomendaciones médicas y continuar con nuestras sesiones de manera normal. Ampliar nuestra comunicación con nuestros familiares y terapeutas sin minimizar síntomas o pensamientos y sentimientos. Ser abiertos y reconocer que se trata de una enfermedad que puede ser tratada es uno de los pasos más importantes hacia el bienestar emocional.

La Secretaría de Salud hace algunas recomendaciones para cuidar nuestra salud mental en estas épocas:

  • Evitar el aislamiento
  • Organizar nuestras rutinas y actividades
  • Regular nuestro horario de sueño y alimentación
  • Dedicar tiempo a la relajación
  • Hacer ejercicio
  • Mantener relaciones personales saludables
  • Distinguir y hablar sobre nuestras emociones

Si sientes que tus síntomas de agravan es importante que los reconozcas y los hables con tu terapeuta, familia y amigos cercanos para que te sientas apoyado. No te sientas mal por necesitar ayuda extra en estas fechas, lo importante es pedir ayuda a la gente que te quiere y seguir las recomendaciones médicas.

Si necesitas hablar con alguien, puedes comunicarte a la Línea de la Vida al 01 800 911 2000 las 24 horas del día, los 365 días del año.

Conoce las señales

Hablemos de salud mental y hablemos de suicidio. En días recientes en México, se ha puesto en el radar el tema del suicidio gracias a los terribles acontecimientos ocurridos en torno a una estudiante del ITAM.

Lejos de entrar en el debate sobre si la institución educativa tiene la culpa o no, creo que es pertinente conocer las señales de una persona con pensamientos suicidas para poder tomar acción y prevenirlo.

Es importante reconocer que no todos reaccionamos de la misma manera y no todos manejamos la depresión de la misma forma. Y aunque hay muchas personas que comunican sus miedos y sentimientos y piden ayuda de manera oportuna, también hay muchísimas que no saben cómo hacerlo y se hunden más y más en el terrible hoyo negro que puede ser la depresión.

Para esto están las señales que la campaña Know The Signs del California’s Mental Health Movement en Estados Unidos ha compilado para ayudarnos a detectar a una persona con pensamientos o intenciones suicidas.

El dolor no siempre es obvio y la gente suele esconderse tras una máscara para evitar que los demás noten cómo se sienten en realidad. Sin embargo hay ciertas señales de alerta que nos pueden indicar si una persona está teniendo pensamientos o intenciones suicidas.

Estas son las señales de alerta de las que tenemos que estar pendientes:

  • Cambios en los hábitos de sueño
  • Depresión
  • Lastimarse a sí mismo (cortarse, quemarse, herirse a propósito)
  • No seguir las recomendaciones e indicaciones médicas (en el caso de personas con alguna enfermedad física o en adultos mayores)
  • Conductas irresponsables o autodestructivas
  • Abuso de sustancias nocivas como el alcohol o las drogas
  • Aislamiento de amigos y familiares
  • Cambios abruptos en la personalidad
  • Descuido en su apariencia física
  • Dolor físico
  • Pérdida de interés en las cosas de las que antes gustaba mucho
  • Cambios repentinos de humor
  • Deshacerse de pertenencias personales de manera inesperada
  • Hablar sobre la muerte o querer morirse
  • Ira incontrolable
  • Sentimiento de desesperación, de estar atrapado
  • Hablar sobre ser una carga para los demás
  • Ansiedad
  • Resolver ciertos pendientes como su testamento (en el caso de adultos mayores)
  • Hablar sobre no tener razones para vivir
  • Haber buscado métodos para lastimarse a sí mismo o formas de suicidarse

Estar alerta a estas señales pueden ayudarnos a ofrecerle apoyo a quienes lo necesitan.

Si te gustaría tener mayor información al respecto sobre cómo ayudar a una persona con pensamientos o intenciones suicidas, aquí hay una lista de centros de apoyo o líneas de ayuda que puedes consultar:

  • Voz Pro Salud Mental: (55) 1997 5040 vozpsm@hotmail.com
  • Comisión Nacional Contra las Adicciones (CONADIC): 01 800 710 09 00
  • Instituto Nacional de Psiquiatría: 56 55 28 11
  • Centros de Integración Juvenil (CIJ) CDMX: 52 12 12 12
  • CC UNAM: 56 22 22 88
  • SAPTEL: (55) 52 59 81 21
  • Línea de Ayuda Origen: 800 015 16 17
  • Radio Abierta: 54 83 70 00

Aquí abajo les dejo la página de la campaña Know The Signs por si quieren echarle un ojo.

https://emmresourcecenter.org/initiatives/know-signs

Recordemos que este es un tema muy delicado y, justo por eso, es muy importante hablar de él de manera abierta. Entiendo que a muchos nos incomoda o asusta tener estas conversaciones, pero son necesarias para visibilizar un problema que cada vez es más grande.

Testimonio 001

Testimonio Anónimo

Me detectaron depresión después de una histerectomía en el mes de febrero del 2019, de hecho, una noche antes de la operación tuve una crisis. 15 días después de la operación me recetaron antidepresivos; 20 días después asistí con mi psicólogo y me envió a respirar y caminar bastante. Para el médico que me operó yo tenía ansiedad en ese momento… Igual que mi psicólogo me envió a caminar y en cuanto pudiera, a hacer ejercicio. 
Cabe mencionar que el psicólogo ya me había tratado de otras cuestiones sentimentales, hecho por el cual, su sugerencia era que yo no debía dejar de hacer ejercicio. No por salud física, sino por salud mental y emocional. 
A un mes de la histerectomía perdí cerca de 10 kilos por la depresión, no dormía, no comía, y sólo podía salir a caminar con los perros sin que me diera pavor. 
El regresar a trabajar a la oficina con un traslado de 2 hrs en transporte público fue una tortura. Tenía pánico de que se llenara el vagón del metro. Padecía ataques de pánico. Busqué opciones de transporte y rutas, una de ellas fue la ecobici. Me dio de alta el cirujano e intenté regresar de Palmas a Metro Bellas Artes… Y lo hice… Así por 2 semanas… Sentí un respiro al poder encontrar el metro de forma que no me diera temor. El psicólogo entonces me sugirió tomar la bici de ida… ¿¡De ida!? Pfff… ¿Qué le pasaba? ¿¿¡¡No ha leído las noticias de los accidentes??!! Pasé esa noche sin dormir… Por la mañana entré a twitter y ¡oh sorpresa! Así como epifanía, un mensaje de un grupo llamado @YoTeCuidoEnBici no podía creerlo, leí varios mensajes en sus acompañamientos y me decidí a escribirles, para el jueves fue mi primer acompañamiento de dos que tuve. 
Erick el ciclista que me acompañó me dijo que no era la única que me causaba mas temor hacer recorrido en la mañana que en la tarde, que es una estadística (eso ayudó mentalmente), y su mensaje que era una ciclista urbana en potencia fue la gota que ayudó psicológica, mental y sentimentalmente. 
Tuve una segunda operación en agosto por una hernia hiatal. Otra vez la ansiedad: ansiolíticos desde que ingresé al hospital. Tuve que empezar a caminar de nuevo hasta hacer zurcos. Mis benditos perros me ayudaron bastante, después de un mes de la operación: a nadar. No podía hacer bici aún, pero el ejercicio me ayuda a canalizar el estrés del transporte público. 3 meses después de la operación al fin me permitieron regresar a la bici.
Al día de hoy ya no tomo medicamentos para la depresión ni la ansiedad, estoy al final del proceso con el psicólogo, en cuanto siento que ese sudor de manos viene empiezo a respirar lenta y profundamente y camino, mis perros salen como nunca a pasear, son mi apoyo, y la ecobici una aliada y un gran respiro de ida y regreso al trabajo. 

¿Por qué hablar de salud mental?

Porque es necesario. Así de simple.

Constantemente hablamos sobre nuestros padecimientos físicos. «Me duele la cabeza», «creo que me va a dar gripa», «tengo un dolor en la espalda»… Y la gente con frecuencia contesta: «Tómate esta pastilla», «recuéstate un rato», «no vayas a trabajar», entre otros muchos útiles y comprensivos consejos. Todo es muy normal, todo es muy aceptado. Pero, ¿qué pasa cuando despiertas cada mañana y no tienes las fuerzas (tanto físicas como mentales) para salir de la cama? ¿Qué pasa cuando la tristeza no es pasajera y se vuelve parte de tu medio ambiente? ¿Hay alguien que escuche lo que sentimos sin incomodarse?

Si llegas un día a tu trabajo y le dices a tu jefe que no puedes trabajar el día de hoy pues tu depresión te está haciendo pasar un pésimo día, es probable que te mire de manera extraña, que no sepa actuar o, pero aún, que te despida. Los pensamientos que seguramente tendría al respecto irían desde un «esta persona no puede soportar la presión del trabajo», «es débil», «tiene problemas fuertísimos» o «no tiene madera para estar aquí». Y así de fácil y sencillo será etiquetarte, juzgarte y hacerte sentir más solo que nunca.

¿Por qué no hablamos de la salud mental? Escondemos la cabeza, la enterramos en la tierra como avestruces. «Mejor guárdate tus pensamientos negativos y deprimentes para ti mismo», es algo que he escuchado muchísimas veces a lo largo de mi vida. «A nadie le gusta una persona deprimida» No, pero nadie habla del tema ni de cómo ayudar tampoco. Pareciera que estamos perdidos, náufragos en nuestra propia isla negra. Condenados a pasar la eternidad siendo incomprendidos teniendo que ponernos una máscara día a día ante nuestros amigos, colegas, familiares…

No hablamos de cómo nos sentimos y mucho menos pedimos ayuda cuando el barco se está hundiendo. No aceptamos ir al psicólogo, nos aterra que nos manden al psiquiatra. No podemos contar con nadie para decirle que, una vez más, estás sumergido en un ataque de pánico y necesitas salir del lugar. Nadie te brinda una mano para acompañarte durante tu episodio, nadie sabe cómo lidiar con esto.

Y es entendible. ¿Cómo vamos a saber manejar algo que nunca nos enseñaron? ¿Algo de lo que nunca nadie nos habló?

El tema de las enfermedades mentales es el elefante en la habitación. Un elefante tan grande que a veces quita todo el oxígeno disponible para nosotros mismos.

Por eso se debe hablar de salud mental. Por eso debemos contar nuestras experiencias, apoyarnos en el otro, vernos reflejados en él. Saber que hay alguien allá afuera pasando por cosas parecidas a las tuyas ayuda a sentirse un poco mejor. Reconocerse en las experiencias del otro nos ayuda a conocernos más a nosotros mismos. Y ahí está la clave. Conocer sobre nuestra enfermedad mental, trastorno, desorden, condición; nos ayudará a entendernos mejor y, tal vez, encontrar una forma de vivir mejor con ello.

Cuando llega el punto en el que aquella presencia negra como una sombra parece no dejarte en paz, cuando sabes que hay algo en el cuarto contigo, todo el tiempo, sin dejarte descansar, quitándote el apetito, removiendo tus instintos; es cuando se vuelve necesaria esa educación que nos debieron haber dado desde que estábamos pequeños.

Entonces te digo a ti que me lees, que lo intentes. Este es tu espacio, un lugar donde puedes compartir tu experiencia y un lugar que, ojalá, se convierta en un sitio de apoyo para todo aquél que lidia con estas batallas diariamente.

Bienvenido a tu blog

Un espacio para empatizar, comprendernos mejor y reconocernos en el otro. Un lugar que nos ayudará a darnos cuenta que no estamos solos.

Este blog es por y para todo aquél que quiera entender mejor lo que es la salud mental, sus aristas y cómo podemos cuidarla. Ayudemos a concientizar a los demás sobre su importancia. Un blog donde cada experiencia cuenta y especialistas pueden guiarnos dándonos sus puntos de vista e información valiosa sobre este tema en específico.

Es un lugar seguro donde puedes compartir tus vivencias y experiencias en la lucha diaria contra las enfermedades mentales, ayudando a quitarles el estigma que las rodea en nuestra sociedad.

Así que adelante, explora, conoce y comparte tu punto de vista.

Te escuchamos, ¡no estás solo!