¿Cómo se vive la depresión?
Experiencia compartida por Ana Cristina Sosa
El día de ayer, Jueves 9 de Enero del 2020 tuve un episodio, una crisis interna brutal, que me llevó a la desesperación, la desolación y me recordó lo que sentí las primeras veces que exploté durante los meses de Julio y Agosto del año pasado.
Este padecimiento no se lo deseo a nadie. No puedes escapar de ti mismo, aunque lo desees, no puedes confiarle tu salud mental a cualquier ‘especialista’, puesto que ya varios “expertos” me han timado y hasta perjudicado. Quienes alguna vez hayan requerido con urgencia un buen psicólogo o psiquiatra sabrán de sobra que hay muchos llamados “expertos” que sin ningún tipo de tapujo o ética profesional lucran con la salud.
Si alguien nunca tuvo problemas con ello, hágamelo saber, yo tuve que pasar con 6 “psicólogos” certificados y no fue hasta el séptimo, ahora a mis 28 años, que alguien por fin me ha podido ayudar, me ha podido mostrar una salida, una meta para no darme por vencida.
Lo mío no es congénito, por supuesto. Tuve desde niña que vivir una serie de experiencias que me dejaron marcada. Como dice mi psicóloga actual: “Existen muchas experiencias que se logran superar, más dejan huella, y eso es innegable.” El cuerpo como la memoria recuerdan. Y de ahí, al menos en mi caso, ha sido una prisión interna de la que me es casi imposible poder escapar la mayoría de las veces.
Si me preguntan ¿qué es la depresión? No sabría qué contestar con exactitud. Y en ese silencio, comprendo que está la respuesta, la dificultad.
No hay palabras con las que un ciego le explique a un vidente su ceguera, su negrura, su oscuridad. Ahí está el problema y de ahí, crecen, se dispersan y se distorsionan aquellos estigmas sociales y tabúes sobre el tema.
La primera y la más común de las falacias es creer que el sujeto que lo padece puede decidir, voluntariamente (valga la redundancia) sobre su estado mental, sobre la carga y todo aquello que lo ha llevado a hundirse hasta lo más profundo de sí mismo.
De ahí surgen las frases más crueles e ignorantes con las que me he encontrado: “Es que no le echas ganas”, “¿Por qué no valoras tu vida?”, “Ya deja de enfocarte en lo negativo”, “Es que tú no crees en Dios”, “Si te quieres quedar triste, esa es tu decisión”.
De esta última y ridícula frase hay que subrayarle con color rojo y en mayúsculas: LA DEPRESÓN NO ES EQUIVALENTE A LA TRSITEZA.
La ‘tristeza’ a secas, es una emoción y como tal, es pasajera.
La depresión comprende un enorme cúmulo de emociones (en mi caso reprimidas por años) que por alguna u otra razón se han encarnado como si fuesen una médula espinal en conjunto con pensamientos autodestructivos de los que un individuo NO PUEDE CONTROLAR. Y por ello debe ser atendido por un profesional.
Ahora se preguntarán, quizás: Si tan lúcida estás ¿porqué hacer esas distinciones si acabas de decir que no puedes controlar tus pensamientos como emociones?
Porque padezco ansiedad crónica y depresión “moderada” casi profunda. Ahora, en este año me aumentaron la dosis al doble de antidepresivos que tomaba y estoy tratándome cada 15 días con una excelente psicóloga.
Repito padezco ansiedad crónica y depresión moderada, más no me falla en absoluto la capacidad básica de raciocinio.
¿Porqué lo digo en tono de rabia?
Bueno, estoy harta de que por falta de conocimiento y estigmas sociales absurdos me vengan a decir (incluso familiares o amigos) lo que debo o no hacer… que “por qué no sonrío”, que “por qué me enfoco en lo negativo” que “eso va a pasar si dejo de pensar en ello” …¡Una sarta de mentiras e ignorancia impresionante! con la cual en vez de tener aunque sea un poco de empatía te hacen sentir… por mucho, peor de lo que ya me siento.
Para mí, la desinformación enmascarada de buena intención, cuando se trata de salud mental es indignante.
Por lo anterior, muchos de los que lo padecemos preferimos alejarnos de las personas justo porque la gran y enorme mayoría al no comprenderlo puede llegar a frustrar tanto a una persona que incluso puede peligrar o inclusive incrementar el padecimiento de su salud.
No tienen idea de cuántas veces tuve que alejarme de mi propia familia, por mi propio bienestar. Y, por cierto, estas fueron literalmente las palabras que me regaló mi psicóloga:
“Para salvaguardarte, en este caso, sí es necesario tomar la distancia de todas aquellas personas que te hagan sentir mal contigo misma e incluso culparte por ello. ¡De todas! Incluida tu familia si te culpan de igual manera o te agobian con esa clase de comentarios. Sé que los amas, pero en este momento ya no puedes permitirte poner a nadie por encima de ti. Tú debes ser lo más importante en tu vida, de ahora en adelante.”
Este ha sido el mejor consejo y la mejor lección que he aprendido para poder más o menos lidiar con la ola de críticas y absurdos remedios de aquellas personas que se acercan a mí continuamente sin siquiera tomarse la molestia de moderar sus palabras o reconocer que no saben y como no saben, evidentemente no pueden ayudarme.
Por algo hay y deben existir buenos médicos tanto para la salud física como la mental. Es una lástima que, al menos en mi caso, tuviera que pasar por tanto antes de llegar con la persona indicada.
Pero si tú, que me estás leyendo ya sea si padeces o no depresión…
Te suplico no lo dejes pasar. Créeme que ni la “marihuana” (otro de los consejos absurdos que me dieron) ni creer o no en una Deidad, ni hacerte una limpia, ni leer mensajes positivos te van a curar de algo que se llama DEPRESIÓN.
Es, repito, un padecimiento mental, y como tal debe tratarse con absoluta delicadeza, seriedad y ética posibles.
Espero de todo corazón no se sientan solos aquellos que lo padecen y logren día con día salir de esto. Y para aquellos que no, deseo nunca pasen ni de cerca por algo como esto.
En mi experiencia personal, es de las peores cosas por las que he vivido y deseo salir de esto tan rápido como me sea posible.
Si en este momento pudiera pedir algo, pediría más conocimiento para todos y más empatía.
Puede que suene simple, pero si hubiese tenido alguna de éstas dos, años atrás, quizás no estaría aquí: ganando como perdiendo batallas contra la depresión.