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Hay alguien en el cuarto

psicologo

Testimonio 018: Aprendiendo a vivir con emociones fuertes sin desaparecer en el proceso

Posted on 4 Days Ago by Roxana Soler

Está reflexión sobre la salud mental fue compartida con nosotros por Mish (@mishcochito en Instagram).

No ha habido un momento exacto en el que “empecé a sanar”.

Hubo días en los que simplemente me costaba menos “existir”.

Al principio no eran pensamientos grandes, eran reacciones.

Cansancio que no se iba durmiendo.

Irritación sin causa clara.

Ganas de aislarme y al mismo tiempo, miedo a quedarme sola.

Me di cuenta de que algo no estaba bien cuando las emociones pequeñas empezaron a ser demasiado. 

Cuando una conversación me dejaba agotada.

Cuando cualquier conflicto me desbordaba más de lo que quería admitir.

La terapia no llegó a mi vida como una solución.

Llegó como el lugar incómodo que no quería visitar pero que me ayudó a entender que “SENTIR” no es algo que se controla, sino que se aprende a sostener.

Que no todo se resuelve rápido. Que hay emociones que regresan aunque ya las hayas tenido e incluso “trabajado”.

Empecé a medir mi progreso de diferentes formas:

Como el día que no respondí desde el impulso.

O la primera vez que dije “hoy no puedo” sin justificarme.

O también el día que me fui a dormir triste pero en calma.

Hay hitos que no se celebran. 

Llorar sin culparte.

Reconocer que estas cansadx antes de romperte.

Volver a terapia después de una semana difícil en lugar de abandonarla.

Las emociones siguen siendo intensas.

De hecho, la mayor parte de mi tiempo llegan sin permiso y se quedan más de lo que quisiera.

La diferencia es que ya no peleo con ellas como antes solía hacerlo.

Ahora trato de escucharme, hablar conmigo e incomodarme con lo que siento.

Mi salud mental no se ve como estabilidad constante.

Me he permitido vivir en el área gris que tanto me asusta y sobre todo sin exigir claridad inmediata.

No siempre me siento bien pero ya no me pierdo intentando aparentarlo.

Hoy me pregunto seguido quién sería si nunca hubiera aprendido a cuidar de mi salud mental.

No desde el miedo, sino desde la honestidad.

Probablemente seguiría funcionando, pero no habitándome.

Probablemente seguiría explicando mis reacciones en lugar de escuchar lo que las provoca.

Cuidar mi salud mental no me volvió una persona tranquila todo el tiempo, solo me ha vuelto más consciente. Más responsable de cómo siento y de cómo respondo.

Más capaz de detenerme antes de hacerme daño a mi o a otros.

He aprendido que las emociones no son el problema. El problema es crecer creyendo que sentir está mal, que exagerar es llorar, que aguantar es madurar.

Cuando no se nos enseña a nombrar lo que sentimos, lo terminamos actuando.

En el cuerpo, en las relaciones, en la forma en la que nos tratamos.

A veces pienso qué distinto sería todo si desde niñxs nos hubieran enseñado que está bien sentir.

Que el enojo no es peligroso, la tristeza no es debilidad, el miedo no es falla.

Que poner atención a las emociones es una forma de cuidado, no de fragilidad.

Criar desde la compasión -hacia otros y hacia unx mismx- cambia destinos.

Las personas que saben escucharse lastiman menos.

Las personas que no tienen que esconder lo que sienten, no explotan después.

Personas que aprenden a cuidarse, también aprenden a cuidar.

Hoy no busco estar bien todo el tiempo. 

Busco estar presente. 

Y entender que la salud mental es la base desde la que se vive todo lo demás.

Sentir no nos rompió. No saber qué hacer con lo que sentíamos, sí.

Cuidar mi salud mental ha sido no abandonarme cuando más me necesito.

Día Mundial de la Salud Mental

Posted on octubre 10 by Roxana Soler

Aquí estamos otra vez, con las ganas de continuar la conversación sobre la salud mental. Es necesario y lo más sensato que podemos hacer ante un sistema que nos niega un bienestar completo. No podemos hablar de salud mental sin tener a la vista las aristas sociales, económicas y políticas del contexto de cada persona. En este mundo capitalista y desesperado por que todo avance a grandes pasos, la resistencia consiste en tener claro que el enemigo no solo son nuestros pensamientos, sino también lo son todos los obstáculos que el sistema nos pone para alcanzar una vida plena y ser más felices. No es de extrañar la alza en suicidios, en diagnósticos de depresión, ansiedad y un montón de trastornos mentales más. Es hora de preguntarnos qué podemos hacer a nivel social. No dejaré nunca de luchar por un mundo más justo y no dejaré nunca de hablar sobre salud mental, porque se necesita construir puentes para que todos, todas y todes podamos procurar este aspecto tan fundamental de nosotros. Buscar ayuda profesional, construir redes de apoyo, tomar medicamentos de ser necesario; todo eso es clave para cuidarnos, pero también lo es tener un trabajo digno, hacer la plata suficiente para vivir sin preocupaciones, no ser marginalizadx. Todas estas cosas son un cúmulo de factores que van a afectar la salud mental sí o sí. Así que comencemos la conversación y vayamos más allá, porque el derecho a una vida plena y digna lo tenemos todxs. 

Testimonio 17: Confía en el proceso, aunque no lo entiendas

Posted on mayo 8 by Roxana Soler

Este testimonio nos lo compartió con mucho cariño Danae García, actriz y conductora.

Hola, yo soy Dánae García y como muchos seres humanos he pasado por experiencias que han afectado mi salud mental y física.

Viví dos abusos sexuales y, por consecuencia, una serie de resultados que afectaron mi cuerpo y mi salud mental.

Estoy diagnosticada desde hace 8 años como persona depresiva, estuve medicada 6 años y hace 2 años, con mucho esfuerzo, terapia y amor propio, logré dejar los antidepresivos.

Eso sí , que los haya dejado no significa que no sea depresiva. La depresión siempre va a estar presente, sin embargo, ahora logro entender los episodios y sé como trabajarlos para salir adelante y no quedarme atascada en esa montaña de tristeza y frustración.

A veces me gusta ver al pasado y me sorprende saber cómo es que sigo viva, pues esta enfermedad, de la cual una de sus características hace que te desvalores en todos los sentidos, me ha llevado a tomar decisiones terribles. Me expuse a situaciones alarmantes (para quien no ha tenido o no sabe, la depresión hace que te encierres en una burbuja donde piensas que a nadie le importas y que sería mejor desaparecer).

Uno llega a ser egoísta, porque, si bien entiendo que está bien pensar en ti cuando se trata de sanar y crecer como persona, no está bien cuando tienes ideas destructivas.

Lo único que puedo decirte es que la depresión, por experiencia propia te digo, no desaparece. Y aunque tu cabeza diga que nada vale la pena, que para qué sirve hacer una u otra cosa, que estás solo, que eres una carga, un estorbo o algo similar; al final, tomo algo de mi vida un recuerdo, un pensamiento, tomo a mis mascotas como ancla o a mi mamá y a mi hermano que siempre están conmigo, así sea lo mínimo. Lo tomo porque eso me ayuda a seguir y sin duda me permito sentir, pero no permito que se convierta en destrucción.

Al final de cuentas eso es vivir. Es tener esa capacidad de conectar con uno y entender que va a pasar, que nada es para siempre, tiene su tiempo y mientras sigo adelante todo tomará cause.

Por más terrible y obscura que sientas tu vida en este momento, agarra la poca o mucha fuerza que tengas y háblalo, busca ayuda, de verdad te salva la vida.

La vida hace que la mayoría de las cosas no salgan como queramos, pero siempre salen como es necesario que las vivamos para poder crecer y entender.

Testimonio 13 – Mi vínculo con la terapia

Posted on febrero 19, 2024 by Roxana Soler

Este testimonio sobre el camino hacia la salud mental fue escrito por Cami Aguilar, nueva amiga y amante del café que nos comparte su trayecto con la terapia y nos da palabras maravillosas que nos invitan a la reflexión.

Al comenzar a re-pensar mi vínculo con la terapia, me he dado cuenta que, probablemente relacionado con mi cultura argentina, el acompañamiento psicológico casi siempre ha tenido en mi vida esa presencia y ese lugar de validez, viabilidad y me animo a decir que hasta de necesidad, para sobrellevar la vida y el día a día. 

La primera vez que me encontré con una psicóloga fue en mi adolescencia temprana. Mi madre atravesaba un cáncer que había llegado a irrumpir con todo lo que conocía hasta entonces, por lo que los profesionales de la salud y quienes estaban cerca de mi familia y de mí, lo recomendaron mucho. 

Sin embargo, recuerdo con claridad el enojo y la frustración que sentí al cumplirse esos primeros y eternos 50 minutos y mi decisión contundente de no regresar. 

Algunos pocos años después, el duelo por la pérdida física de mi madre se hizo presente con fuerza y entre mi padre y mi tía, se acercaron a contarme lo importante que creían un acompañamiento de una persona preparada para guiarme a sobrellevar y comprender ese mundo nuevo que se me presentaba y me retaba todos los días. Accedí y creo que pude sentir el alivio y la confianza que se estaba depositando en esa decisión: La posibilidad de mejoría y bienestar, se abrían paso en mi camino. 

Y quizás, un poco (bastante) así fue. Dar ese paso me abrió la puerta a conocer cómo encontrar herramientas propias, nuevas y ya aprendidas, para ir afrontando las diversas situaciones que la vida ha tenido para mi. 

Desde esos primeros años de acompañamiento con Marita, mi psicoterapeuta que me recibía en su consultorio pequeño y acogedor y me empezaba a preguntar cosas mientras me preparaba un café con leche para el frío… seguidos de las psicólogas que busqué cuando me mudé de ciudad y con las que no lograba conectar… hasta con el único terapeuta hombre que tuve (y volveré a tener) regañándome en esa primera y única consulta, creo que todxs en mayor o menor medida, me han ayudado a darme cuenta que no es necesario sobrellevar el peso de las cosas que nos suceden, solxs. 

A los 22 años recién cumplidos llegué a México y la ausencia del dolor profundo que había experimentado años atrás y la presencia de la euforia y la adrenalina de las nuevas aventuras, me hicieron pensar que la terapia quizás ya no era necesaria. 

Estuve varios años sin un acompañamiento psicológico como tal, y los transité con una estabilidad y una calma quizás hasta un poco necesarias. 

Pero, al regreso de un viaje a Argentina donde sentí que varias fichas se movieron, sentí que mi salud mental me estaba pidiendo un lugar en mi rutina diaria, una vez más. 

Al principio, la búsqueda fue algo difícil porque las corrientes psicológicas que se siguen en Argentina y en México difieren y yo no estaba segura de cómo realmente. Buenos Aires siempre había sido sinónimo de psicoanálisis. Estuve un corto período estudiando la carrera de psicología en la Universidad de Buenos Aires, por eso lo sabía y conocía bien… pero el psicoanálisis en México, era territorio totalmente desconocido. Aún así, por algunas recomendaciones, di con la Red de Psicoanalistas México y mediante una llamada telefónica conseguí una consulta con una terapeuta que estaba muy cerca de mi ubicación y sobre todo, con una cuota de sesión muy accesible para mi bolsillo. Así que, así fue como tomé el psicoanálisis en estas latitudes y con ello, un mundo de posibilidades se volvió a abrir. 

Mi psicoanalista estuvo presente en mi rutina semanal por casi 2 años y afrontamos situaciones como la pandemia, la cuarentena, las sesiones por teléfono en vez del diván. Probablemente muchos de estos factores me hicieron comenzar un camino de autodescubrimiento de mis preferencias por el tipo de acompañamiento que quería y necesitaba recibir en ese momento. 

A finales de 2020, tuve una pérdida muy grande y la llegada de ese nuevo duelo removió lo que quedaba de los anteriores y más. La carga del peso cayendo sobre mí se sintió muy pesado nuevamente y ahora, la ansiedad y la depresión se hicieron presentes como diagnóstico, por lo que necesité recurrir a otro tipo de acompañamiento médico por parte de un psiquiatra y antidepresivos que me brindaran lo que mi cerebro, mi cuerpo y mi yo completo, no estaban siendo capaces de procesar por sí solos. 

De igual forma, comencé a sentir que mi cuerpo físico y mental estaban atendidos, pero había algo más que me hacía ruido. Mi mundo espiritual y energético, siempre bastante importantes para mí, estaban totalmente relegados. 

Con ganas de un reencuentro con este lado mío, comencé a buscar algunos espacios que me ayudaran a re-encontrarme con ellas, y fue así como llegué a un espacio holístico llamado Sanarte Talleres que me brindó la posibilidad de tomar algunos talleres y pláticas que se acompañaban con círculos de mujeres, en su mayoría. 

Este tipo de acompañamiento, me permitió volver a reconectar con algunas herramientas que hoy reconozco como mías y también me presentaron algunas nuevas muy sanadoras. Sin dudas, recorrer ese camino de la mano y con la guía y contención de mujeres, fue algo clave para que yo pueda sentirme segura de hacerlo de la forma en que lo hice. 

Al tercer mes de comenzar con este tipo de acompañamiento holístico e integral, dejándome guiar por mi intuición, tomé la decisión de dejar los medicamentos antidepresivos gradualmente y con la guía de mi psiquiatra, y elegí confiar en todo el trabajo personal que estaba haciendo para volver a mí, como me gustaba decirle en ese entonces. 

La necesidad de una terapia individual se hizo presente una vez más, pero esta vez de la mano de Flor, quien puso sobre la mesa un acompañamiento holístico e integral que incluía sesiones individuales, herbolaria ancestral, meditaciones y ceremonias de cacao, entre otras. 

Fue un año y medio de hacerle lugar, registrar y conectar con mi cuerpo espiritual sin descuidar lo físico y lo mental. Un gran reto del que me he llevado grandes aprendizajes. 

Al sentirme más conectada conmigo misma, comencé a tener curiosidad por la terapia feminista, o con perspectiva de género que venía escuchando hace un tiempo. Sabía que en Argentina estaba ganando presencia por el contexto social y hasta político, pero no estaba tan segura de cómo encontrarla por aquí. 

Buscando algunas opciones, di con una red de psicólogas de diversas corrientes que han formado un colectivo para brindar este tipo de terapia a mujeres, incluyendo una beca económica que hace que además sea más accesible. 

Fue así como comencé mi acompañamiento con mujeres psinfronteras hace ya más de un año. Jess es mi terapeuta y utiliza la terapia narrativa, la cual me ha parecido súper valiosa. 

La terapia feminista me ha dado el espacio para poder ser yo misma, con una empatía conmigo y con un otrx que no había conocido ni experimentado en ningún otro tipo de terapia o corriente. 

Siento que le ha hecho lugar a la incomodidad que muchas veces surge cuando hay una irrupción del patriarcado, el machismo y las violencias relacionadas, que probablemente no habían tenido lugar en ningún otro acompañamiento, y eso es algo que me hace caminar la vida un poco más liviana, porque me siento menos sola y más comprendida. 

Llegando al final de esta recapitulación de mi vínculo con la terapia, con las similitudes y diferencias entre las que han atravesado mi vida, puedo ver que cada una de ellas ha tenido y cumplido una función, un sentido, un por y para qué. Y también me gusta pensar que todas forman parte de la mujer y la persona que soy hoy. 

Este ha sido mi camino eligiendo y confiando en el acompañamiento de un otrx para atravesar la vida en sus altas y en sus bajas. 

Confiando y eligiendo no cargar sola con el peso de la vida, que hoy entiendo es también mi forma de procurarme  y cuidarme a mí misma.

Testimonio 12 – Yoga para la mente

Posted on febrero 5, 2024 by Roxana Soler

Esta entrada fue escrita por Jimena Campero, maestra de yoga que nos comparte cómo relaciona la práctica de yoga al proceso de mejorar nuestra salud mental. Puedes seguirla en @jimenacampero en Instagram.

Aún recuerdo el día que recibí un mensaje en el que me preguntaban si sabía dar clases de meditación, pues estaban buscando a una maestra para entrar a un psiquiátrico para guiar esta práctica a los pacientes del hospital. Yo acababa de terminar el curso de Yoga Sensible al Trauma por lo que no dudé ni un segundo en aceptar la clase.

“¿No te da miedo?” “¿Pero cómo vas a dar clase ahí?” “¿Entras sola?”, este tipo de peguntas fueron las que me hacían cuando contaba mi experiencia con mis conocidos, si algo me ha enseñado el yoga es que todos somos uno y si a través de esta práctica puedo ayudar a la gente a encontrar un espacio de calma y tranquilidad, no pensaré dos veces en hacerlo.

Sin duda la salud mental es algo de lo que aún no se puede hablar de manera tan abierta, el escuchar los prejuicios que tienen las personas me deja claro que aún hay un gran camino por recorrer, sin embargo, hemos avanzado mucho.

No voy a negarlo, al principio los residentes no me recibían de la mejor manera, pero poco a poco fui recibiendo comentarios como “Si el paciente de la habitación x no quiere entrar a tu clase me avisas pues debe asistir” o un “oye se acercó x paciente para decir que se sintió muy bien con tu clase”. Actualmente tengo dos años y medio ingresando al psiquiátrico a dar clases y a lo largo de este recorrido he ido utilizando varias técnicas; ejercicios de respiración, yoga, meditación y, lo que más disfrutan, sonoterapia.

Yo no sé mucho de diagnósticos de salud mental, pues mi formación es administrativa y como maestra de yoga, pero lo que sí puedo decir es que me doy cuenta de cómo los alumnos/pacientes van mejorando, incluso sé cuándo su alta se acerca.

Me gustaría contar un momento que para mí fue clave, para saber que estaba haciendo lo correcto con y para ellos:

Hay un alumno que tiene esquizofrenia y al principio yo lo invitaba a mi clase, pero él no quería tomarla pues le incomodaba que yo pudiera leer sus pensamientos. Durante su estancia en el hospital, comenzó a sentarse cerca de donde yo daba la clase, luego ya estaba en el grupo y un día que llegué me dijeron las enfermeras “ya te están esperando”, mi sorpresa fue que él era quien había invitado a todos a ir por su tapete para esperarme en el jardín. Al final me dijo: “Con tu clase me siento muy bien, me siento yo y quise que los demás también pudieran experimentarlo.”

Sin duda, los prejuicios estarán, pero no somos un diagnóstico, como les digo a ellos. No somos nuestros pensamientos, estar en el hospital es de valientes y poder levantar la mano cuando sentimos que algo no está bien es algo que debemos empezar a hacer sin temor, no estamos solos, siempre hay alguien listo para escucharnos y acompañarnos en el proceso de sanación. Lo más importante es perder el miedo al qué dirán y abrazar lo que sea que estés viviendo el día de hoy.

Si te sientes perdid@ solo escucha el ritmo de tu respiración, pues te ayuda a regresar al momento presente.

Testimonio 11: Pagar la renta, hacer el super, limpiar la casa… y cuidar tu salud mental

Posted on enero 29, 2024 by Roxana Soler

Esta entrada fue escrita por Fabiola, creadora del blog Depa de Soltera. Inició con este proyecto hace 10 años con la sola intención de guiar a otras en el camino de vivir sola, la independencia y otras emociones. Comunicóloga, creadora de contenido, amante de los perros, el vino, amiga y ex compañera de trabajo, este texto ilustra su camino hacia la salud mental y nos da pequeños grandes consejos para cuidar de ella.

Me independicé hace 10 años, en aquel entonces trabajaba desde casa, escribía artículos para mujeres y llevaba un tiempo siendo freelance. Y no, de salud mental no sabía nada. 

Sinceramente no recuerdo la primera vez que escuché ese término, pero sí recuerdo que para mí la salud mental se resumía en ir al psicólogo. Porque tampoco conocía otros tipos de terapia.

Hoy sé que la salud mental es un equilibrio emocional, psicológico y social. Y también sé, que es lo último que entró a mi depa cuando me independicé.

Los nuevos desafíos…

El primer mes viviendo sola fue una fiesta. No literal, pero sí me sentía así. Yo no me lamenté dejar la casa de mis papás, no me sentí culpable, tampoco me dio miedo. Al contrario, me emocionaba muchísimo valerme por mí misma y encargarme 100% de mí. ¡Pero, oh oh!, nunca consideré temas como el aumento de responsabilidades, las decisiones financieras, la inestabilidad laboral o la misma soledad.

A los dos meses ya me sentía sola. A los seis me había quedado sin ahorros por la mala administración de mi dinero.  

Los nuevos desafíos, como pronto descubrí, no eran solo cuestiones logísticas o económicas, sino también emocionales y psicológicas. El manejar mi tiempo y mis recursos se convirtió en una habilidad a desarrollar urgentemente. Sin embargo, lo que realmente me tomó por sorpresa fue la soledad. No la soledad de no tener a alguien físicamente presente, sino la soledad emocional de tomar decisiones importantes sin un sistema de apoyo visible.

La independencia trae consigo una libertad inigualable, pero también un peso de responsabilidad que a menudo subestimamos. En mi caso, esto significó aprender a equilibrar mi vida laboral con mi bienestar personal. Los primeros meses, me encontré sumergida en el trabajo, usando mi ocupación como una forma de evadir mi realidad emocional. No fue hasta que enfrenté una crisis de ansiedad que comprendí la importancia de cuidar mi salud mental. Y no, tampoco supe en ese momento que lo que estaba sintiendo era ansiedad.

Comencé a explorar diferentes formas de cuidado personal. Al principio, eran pequeñas cosas: meditar por unos minutos cada día, salir a caminar, dedicar un tiempo a leer algo que no estuviera relacionado con el trabajo. También empecé a valorar la importancia de estar acompañada. A pesar de mi independencia, me di cuenta de que necesitaba construir una red de apoyo. Ya no solo amigos para salir, sino personas con quienes poder hablar abiertamente sobre mis preocupaciones de “adulto independiente”.

Con el tiempo, estas prácticas se convirtieron en rutina. Aprendí que la salud mental no es un destino, sino un hábito. Hubo días buenos y días malos, pero logré mantener un equilibrio y ser consciente de mis propias necesidades. Pero sobre todo, logré atender una a una y poco a poco. 

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que mi independencia no fue solo sobre aprender a pagar la renta o hacer el súper, sino también sobreentender y cuidar de mí. En estos años, he aprendido a ser más paciente conmigo misma, a aceptar que no tengo todas las respuestas y que está bien pedir ayuda. Este entendimiento ha sido, en muchos aspectos, la verdadera clave para vivir una vida independiente y plena.

La salud mental: un camino de bienestar

Primero, tengo que aclarar que no soy experta y que el camino de la salud mental es muy personal, pero, me gustaría aprovechar para compartir algunas estrategias y pequeñas actividades o ejercicios que pueden ayudarte a iniciar este camino de bienestar personal:

  1. Establece una rutina: Mantén horarios regulares para despertar, comer, trabajar y dormir. La estructura puede proporcionar una sensación de normalidad. Puede parecer algo simple, pero la regularidad es una amiga silenciosa de nuestra psique.
  1. Practica la atención plena: O lo que viene siendo el mindfulness. Dedica tiempo cada día a prácticas de atención plena como la meditación, ejercicios de respiración o yoga. Esto ayuda a reducir el estrés y aumenta la conciencia del presente. Aunque sean 10 minutos, créeme que hacen la diferencia.
  1. Ejercicio físico regular: El ejercicio no solo beneficia tu salud física, sino que también es un gran impulso para tu salud mental. Intenta incorporar alguna forma de actividad física en tu rutina diaria. Ya sea un paseo por el parque o una sesión de baile en tu sala, lo importante es moverse.
  1. Alimentación balanceada: Una alimentación saludable puede influir positivamente en tu estado de ánimo y energía. Ojo, esto no tiene nada que ver con dietas restrictivas o de olvidarte de las botanas, es simplemente mantener una alimentación base nutritiva. 
  1. Duerme lo necesario: La falta de sueño puede afectar seriamente tu bienestar emocional y mental. Intenta dormir entre 7 y 8 horas cada noche. Considera tu dormitorio un santuario del descanso.
  1. Construye relaciones saludables: Mantén contacto con familiares y amigos. Las relaciones de apoyo son fundamentales para nuestro bienestar emocional. Invítalos a tu depa, ve a visitarlos, haz videollamada o márcales por teléfono. La tecnología, bien utilizada, puede ser un puente y no una barrera.
  1. Busca ayuda profesional si es necesario: No dudes en buscar la ayuda de un terapeuta si sientes que tus problemas de salud mental son abrumadores. No hay mayor acto de valentía que admitir que necesitas apoyo.

Y last but not least:

  1. Toma el control de tus finanzas: Por nada del mundo esto lo dejaría fuera. Armar un presupuesto, tener ahorros, llevar un control de tus gastos y tener un fondo de emergencia, créeme, que va a aportar a tu salud mental. La tranquilidad y paz financiera es necesaria. 
  1. Diversifica tus ingresos: No importa si tienes un trabajo “estable”, recuerda que nada es permanente. Así que quítate esa sensación de “¿y si me corren?” y mejor buscar tener más de un ingreso para minimizar las probabilidades de encontrarte en un problema de desempleo que afecte directamente a tu vida independiente.  

La salud mental es un proceso único

Recuerda que cuidar tu salud mental es un proceso continuo y personal. Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra, así que es importante encontrar las estrategias que mejor se adapten a tus necesidades y estilo de vida. Celebra tus logros, por pequeños que sean, y recuerda que cada paso, incluso los retrocesos, son parte de tu viaje hacia un bienestar más pleno y auténtico.

En este espacio de independencia y autodescubrimiento, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de convertirse en el diseñador de su propia vida, creando un camino de bienestar con todo y los sube y baja de nuestras experiencias, emociones y decisiones diarias. Y aunque a veces parezca que todo sale mal y no hay una luz al final del túnel, no dejes de avanzar, quizá estás a un paso de ver un destello.

Vivir sola me ha enseñado que el autocuidado no es un lujo, sino una necesidad. Es el combustible que me permite seguir explorando, creciendo y, sobre todo, disfrutando del viaje. Y en este viaje, espero que encuentres tu ritmo, tus herramientas y tu camino hacia la paz interior y la alegría genuina.

Por salud mental

Posted on octubre 23, 2023 by Roxana Soler

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Esta entrada fue escrita por Adriana Zepeda Colorado, periodista desde hace más de 20 años, aprendiz de la vida, entusiasta del desarrollo humano y una de mis mentoras.

No hace mucho tiempo que esta frase se ha vuelto casi del dominio público. Dos o tres generaciones atrás era un concepto al que no se le daba mucha importancia. Hoy, hasta hay un día internacional destinado a hablar sobre el tema. Quizá últimamente nos hemos dado cuenta de lo importante que es visibilizar, ya no digamos la salud mental, sino la salud integral, la que incluye la mental, la física y la emocional o hasta espiritual.

En mi caso conocí el tema por allá del 2006 cuando era editora junior de la revista femenina Veintitantos, en ese entonces propuse una sección que se llamaba Salud Alternativa, era una sección que pronto empezó a evolucionar, gracias al buen recibimiento e interés de las lectoras pronto tuvimos que editar suplementos dedicados al tema y, con él, el de Salud Mental.

A la par que la sección fue creciendo sembró en mí una semilla que después me llevaría a mi propio proceso de autoconocimiento y de trabajo con mi salud mental; tener acceso a una gran cantidad de información al respecto me abrió el panorama para enfrentar mis propias crisis emocionales, fue en dicha sección que supe de las constelaciones familiares, herramienta clave en mi proceso personal.

Cuando las experimenté en mí ya habían pasado varios años desde que investigué sobre ellas. En esa época estaba atravesando una fuerte crisis existencial, me sentía cansada, estresada, en conflicto conmigo misma, incluso mi colitis nerviosa me estaba indicando que algo andaba mal con mis pensamientos, mi hacer y mi sentir. Caminando por la calle me crucé con un anuncio en la puerta de una casa que me llamó la atención: “Constelaciones familiares”, algo decía sobre las lealtades familiares que te “atan” a enfermedades, pérdidas, sufrimientos, carencia, etc., y yo quería liberarme de todo aquello que me estaba haciendo sentir mal. Reservé mi lugar. El día de la sesión comenté con la consteladora que había asistido para romper con mis supuestas lealtades familiares que me estaban haciendo sentir mal, pero, en cambio, en el primer momento de mi constelación, por primera vez, hice consciente que estaba profundamente enojada con las mujeres de mi sistema familiar y, por tanto, no podía integrar todo su amor y abundancia, de ahí el estado de mi salud mental. Ese día dio comienzo mi camino de regreso a casa, a conectar con las heridas de mi niña interior, a hacerme responsable por mi sentir y no dejar esa responsabilidad en los demás, a contactar con mi vulnerabilidad y a saber que en ella no había peligro, sino todo lo contrario, había luz, amor, empatía, confianza y compasión. Que ¿fue un proceso largo e incómodo?, sí, seguro. Pero lo volvería a vivir, porque hoy sé que por “salud mental”, es necesario hablar, visibilizar nuestras heridas y buscar ayuda, porque también aprendí que los tragos amargos es mejor tomarlos acompañada.

Una de las primeras columnas de la sección Salud Mental en Veintitantos

Seguimos aquí

Posted on octubre 10, 2023 by Roxana Soler

Hola, hace tiempo que no nos vemos.

La vida ha pasado y me ha llevado entre sus andares, y muchas veces simplemente me he olvidado de nutrir este blog. Pero hoy, Día Mundial de la Salud Mental, me parece un buen momento para volver.

Creo que es importante resaltar la razón por la que estamos aquí. Y no solo es para hablar de ir a terapia o de tomar medicamentos, sino de formar comunidad e identificarnos con otros en vivencias que muchas veces nos aíslan de los demás.

En todo este rollo de la salud mental, una de las grandes enseñanzas que me han quedado es que el camino puede ser muy solitario. Los estigmas, los juicios y la opinión de los que nos rodean pueden tanto sacarnos del hoyo, como hundirnos hasta lo más profundo del océano. Y eso es justo por lo que este blog esta aquí.

Lograr un lugar seguro para todos, donde podamos contar nuestro viaje a través de las vicisitudes que trae consigo la depresión, la ansiedad, los trastornos alimenticios, la bipolaridad, los pensamientos suicidas y muchas otras cosas más, es la finalidad de Hay Alguien En El Cuarto.

Sé lo doloroso que puede ser acercarse a alguien para que terminen invalidando todas nuestras emociones. Para que demeriten nuestro sufrir. Para que pisoteen nuestra autoestima y nos hagan sentir culpables por estar así.

Suficiente daño nos puede hacer nuestra propia mente como para que otros nos lo inflijan también.

Cuidar de nosotros y de nuestra salud mental debe ser una prioridad. Porque sin salud mental, no hay nada. No podemos dejarla de lado ni ignorarla cuando nos sentimos mal. Hablar de ella y aceptar lo que estamos sintiendo es el primer paso para comenzar a sanar.

En este día quiero recordarte que no estás solx. Que esto también va a pasar y que aquí tienes un lugar en donde te puedes desahogar.

Recuerda: “Hay tanto por qué seguir aquí. El mundo no es un mejor lugar sin ti.”

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Restless Heart Syndrome

Posted on septiembre 15, 2022 by Roxana Soler

Creo que nací con el corazón roto.

Un defecto de fábrica que no permite a los químicos en mi cerebro mezclarse en armonía.

Desde siempre tuve la sensación de que no era como los demás. Cosas que me costaban un montón de trabajo parecían ser nada en las manos de otros.

Las lágrimas interminables siempre empaparon mi mundo. Llegué a pensar de niña que quizás algún día me iba a secar por dentro. Mi abuela siempre me decía, “Guarda esas lágrimas para cuando me muera, sino no vas a tener ni una”.

Pues ahora (y siempre, en realidad) son un hábito. No es que quiera llorar, es que no lo puedo controlar. Como que explota una bombita adentro y empieza a salir el llanto.

Y luego viene la cabeza nublada, el pensamiento trabado, la pesadez en mis hombros, mis sentimientos encimados. No puedo pensar con claridad. Solo se repite dentro de mí que ya quiero que esto termine, que quiero una salida, que ya no soporto vivir así.

“¡¿Nunca se me va a quitar esto?!”, le pregunté a mi papá con el llanto a flor de piel hace dos días que tuve una crisis depresiva fuerte. Necesito saber si algún día dejaré de sentir que algo me jala y me ahoga.

Estoy consciente de que soy mi peor enemiga. No me baño, no salgo, no como, solo duermo. Tengo la misma serie en loop en la tele mientras cumplo por puro compromiso con mi trabajo. Estoy en un círculo vicioso donde yo solita uno los extremos para no salir de él.

Por momentos me emociono con cosas triviales. Por momentos soy feliz. Pero ese instante se esfuma rápidamente.

Esta entrada del blog la escribo desde uno de mis puntos más bajos. (No quiero decir que el peor por temor a que empeore aún más la cosa.)

Y la escribo pensando en una de mis canciones favoritas con la que me identifico completamente: Restless Heart Syndrome de Green Day.

Solo por compartir, les dejo la letra y el enlace a la canción. Hoy no tengo energía para cerrar este post diciéndoles que todo va a estar bien, que puedo salir de esto y que poco a poco venceré. Hoy solo me queda hacerme bola, llorar un poco y sobrevivir un día mas.

I’ve got a really bad disease
It’s got me begging on my hands and knees
So take me to emergency
‘Cause something seems to be missing

Somebody take the pain away
It’s like an ulcer bleeding in my brain
So send me to the pharmacy
So I can lose my memory

I’m elated, medicated
Lord knows I’ve tried to find a way
To run away

I think they found another cure
For broken hearts and feeling insecure
You’d be surprised what I endure
What makes you feel so self-assured?

I need to find a place to hide
You never know what could be waiting outside
The accidents that you could find
It’s like some kind of suicide

So what ails you is what impales you?
I feel like I’ve been crucified
To be satisfied

I’m a victim of my symptom
I am my own worst enemy
You’re a victim of your symptom
You are your own worst enemy
Know your enemy

I’m elated, medicated
I am my own worst enemy
So what ails you is what impales you?
You are your own worst enemy

You’re a victim of the system
You are your own worst enemy
You’re a victim of the system
You are your own worst enemy

Restless Heart Syndrome

Testimonio 003

Posted on enero 13, 2020 by Roxana Soler

¿Cómo se vive la depresión?

Experiencia compartida por Ana Cristina Sosa

El día de ayer, Jueves 9 de Enero del 2020 tuve un episodio, una crisis interna brutal, que me llevó a la desesperación, la desolación y me recordó lo que sentí las primeras veces que exploté durante los meses de Julio y Agosto del año pasado.

Este padecimiento no se lo deseo a nadie. No puedes escapar de ti mismo, aunque lo desees, no puedes confiarle tu salud mental a cualquier ‘especialista’, puesto que ya varios “expertos” me han timado y hasta perjudicado. Quienes alguna vez hayan requerido con urgencia un buen psicólogo o psiquiatra sabrán de sobra que hay muchos llamados “expertos” que sin ningún tipo de tapujo o ética profesional lucran con la salud. 

Si alguien nunca tuvo problemas con ello, hágamelo saber, yo tuve que pasar con 6 “psicólogos” certificados y no fue hasta el séptimo, ahora a mis 28 años, que alguien por fin me ha podido ayudar, me ha podido mostrar una salida, una meta para no darme por vencida.

Lo mío no es congénito, por supuesto. Tuve desde niña que vivir una serie de experiencias que me dejaron marcada. Como dice mi psicóloga actual: “Existen muchas experiencias que se logran superar, más dejan huella, y eso es innegable.” El cuerpo como la memoria recuerdan. Y de ahí, al menos en mi caso, ha sido una prisión interna de la que me es casi imposible poder escapar la mayoría de las veces.

Si me preguntan ¿qué es la depresión? No sabría qué contestar con exactitud. Y en ese silencio, comprendo que está la respuesta, la dificultad. 

No hay palabras con las que un ciego le explique a un vidente su ceguera, su negrura, su oscuridad. Ahí está el problema y de ahí, crecen, se dispersan y se distorsionan aquellos estigmas sociales y tabúes sobre el tema. 

La primera y la más común de las falacias es creer que el sujeto que lo padece puede decidir, voluntariamente (valga la redundancia) sobre su estado mental, sobre la carga y todo aquello que lo ha llevado a hundirse hasta lo más profundo de sí mismo.

De ahí surgen las frases más crueles e ignorantes con las que me he encontrado: “Es que no le echas ganas”, “¿Por qué no valoras tu vida?”, “Ya deja de enfocarte en lo negativo”, “Es que tú no crees en Dios”, “Si te quieres quedar triste, esa es tu decisión”.

De esta última y ridícula frase hay que subrayarle con color rojo y en mayúsculas: LA DEPRESÓN NO ES EQUIVALENTE A LA TRSITEZA.

La ‘tristeza’ a secas, es una emoción y como tal, es pasajera. 

La depresión comprende un enorme cúmulo de emociones (en mi caso reprimidas por años) que por alguna u otra razón se han encarnado como si fuesen una médula espinal en conjunto con pensamientos autodestructivos de los que un individuo NO PUEDE CONTROLAR. Y por ello debe ser atendido por un profesional.

Ahora se preguntarán, quizás: Si tan lúcida estás ¿porqué hacer esas distinciones si acabas de decir que no puedes controlar tus pensamientos como emociones?

 Porque padezco ansiedad crónica y depresión “moderada” casi profunda. Ahora, en este año me aumentaron la dosis al doble de antidepresivos que tomaba y estoy tratándome cada 15 días con una excelente psicóloga.

Repito padezco ansiedad crónica y depresión moderada, más no me falla en absoluto la capacidad básica de raciocinio.

¿Porqué lo digo en tono de rabia?

Bueno, estoy harta de que por falta de conocimiento y estigmas sociales absurdos me vengan a decir (incluso familiares o amigos) lo que debo o no hacer… que “por qué no sonrío”, que “por qué me enfoco en lo negativo” que “eso va a pasar si dejo de pensar en ello” …¡Una sarta de mentiras e ignorancia impresionante! con la cual en vez de tener aunque sea un poco de empatía te hacen sentir… por mucho, peor de lo que ya me siento. 

Para mí, la desinformación enmascarada de buena intención, cuando se trata de salud mental es indignante.

Por lo anterior, muchos de los que lo padecemos preferimos alejarnos de las personas justo porque la gran y enorme mayoría al no comprenderlo puede llegar a frustrar tanto a una persona que incluso puede peligrar o inclusive incrementar el padecimiento de su salud.

No tienen idea de cuántas veces tuve que alejarme de mi propia familia, por mi propio bienestar. Y, por cierto, estas fueron literalmente las palabras que me regaló mi psicóloga: 

“Para salvaguardarte, en este caso, sí es necesario tomar la distancia de todas aquellas personas que te hagan sentir mal contigo misma e incluso culparte por ello. ¡De todas! Incluida tu familia si te culpan de igual manera o te agobian con esa clase de comentarios. Sé que los amas, pero en este momento ya no puedes permitirte poner a nadie por encima de ti. Tú debes ser lo más importante en tu vida, de ahora en adelante.”

Este ha sido el mejor consejo y la mejor lección que he aprendido para poder más o menos lidiar con la ola de críticas y absurdos remedios de aquellas personas que se acercan a mí continuamente sin siquiera tomarse la molestia de moderar sus palabras o reconocer que no saben y como no saben, evidentemente no pueden ayudarme. 

Por algo hay y deben existir buenos médicos tanto para la salud física como la mental. Es una lástima que, al menos en mi caso, tuviera que pasar por tanto antes de llegar con la persona indicada.

Pero si tú, que me estás leyendo ya sea si padeces o no depresión…

Te suplico no lo dejes pasar. Créeme que ni la “marihuana” (otro de los consejos absurdos que me dieron) ni creer o no en una Deidad, ni hacerte una limpia, ni leer mensajes positivos te van a curar de algo que se llama DEPRESIÓN.

Es, repito, un padecimiento mental, y como tal debe tratarse con absoluta delicadeza, seriedad y ética posibles.

Espero de todo corazón no se sientan solos aquellos que lo padecen y logren día con día salir de esto. Y para aquellos que no, deseo nunca pasen ni de cerca por algo como esto.

En mi experiencia personal, es de las peores cosas por las que he vivido y deseo salir de esto tan rápido como me sea posible.

Si en este momento pudiera pedir algo, pediría más conocimiento para todos y más empatía. 

Puede que suene simple, pero si hubiese tenido alguna de éstas dos, años atrás, quizás no estaría aquí: ganando como perdiendo batallas contra la depresión.

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