Testimonio 008 – La confusión y el desconcierto

Este testimonio fue enviado por Ismael desde Uruguay, quien lucha contra la distimia desde su adolescencia.

Y tenía que volver y volvió, era de prever, siempre vuelve, majestuosa, con la cabeza en alto como queriendo decir: aquí la que mando soy yo. Es así, tengo que agachar la cabeza, dejarla entrar, no con el mayor gusto por supuesto, pero dejarla entrar, está ahí, oronda, elegante, alta e impetuosa haciéndose ver una vez más en mi vida y en mis emociones. Algunos la llaman la nube negra, otros el perro negro, yo podría decirle simplemente: depresión, algo ya tan natural para mí que la conozco como si la hubiera parido diría mi madre. Entra ya sin permiso, sabe que tiene el pase libre, que no le pongo barreras y que cuando ella quiere, aparece y hace de las suyas, tiene un gran poder sobre mí, ya que cuando llega mis armas no son suficientes para combatirla, parece que ni la dañaran, toda mi artillería parece de utilería ante ella. Cumple su cometido por unos días, y luego se retira sigilosamente, como si nada hubiera pasado, no todo el mundo se da cuenta de su presencia, solo yo a no ser que comente en palabras que no me siento bien, que tengo visitas nuevamente y que le tengo que hacer sala.

Su gran estrategia y sigilo me dejan impotente ante sus embates, su poderío se demasiado grande para poder combatirla con mis armas, necesito ayuda, mucha ayuda en esos momentos, pero es difícil encontrarla, mi entorno le cuesta hacerlo, no está acostumbrado a luchar contra un enemigo invisible y poderoso que solo lo ve una persona. No sienten los disparos directos al corazón que le dan, solo perciben muy sutilmente la atmosfera, los muy atentos y detallistas, sino casi que la guerra pasa desapercibida para ellos. Más que una guerra, es un combate entre pugilistas, soy yo contra ella, es ella contra mí, los demás están por fuera del ring, pueden presenciar la pelea, pueden apostar si quieren, pero no pueden intervenir, a los sumo puntuar quien gana el round. Pero somos solamente nosotros dos, los que estamos en la contienda, cada cual con sus armas, cada cual con su preparación, cada cual con con su experiencia los que decidirán al final quien es el ganador. 

No es sencillo luchar contra un enemigo invisible, no ves venir los golpes, cuando quieres acordar ya te dio un directo a la mandíbula que te tambalea lo suficiente para caer en mil pedazos a la lona. Igual, los años de estar en esta lucha te dan herramientas para resistir, para aguantar hasta el final, para evitar el knoc out , sabes que son solamente 12 rounds, que tienes un descanso entre cada uno y que al final la pelea termina sí o sí, pero hay que pelearla, hasta el final, el sufrimiento es lacerante, te duele todo, el alma, las emociones, los sentimientos, te saca hasta las ganas de comer y sonreír , sus puños son demasiados fuertes para evitarlos. Como ya dijimos son invisibles y luchar frente a un contendiente invisible es muy difícil, yo diría hasta injusto, pero la vida muchas veces lo es y no podemos hacer nada frente a ello.

Y aquí estoy, en el banquillo, sentado, esperando las indicaciones para poder hacer de esta pelea algo más justo, aquí estoy dejando que me pasen vaselina en la cara para que los puños no me den tan directos y sean tan dolorosos. Pasándome la toalla por el cuello para refrescarme y darme un minuto de respiro frente al temible rival. Un par de minutos de respiro, para intentar volver a la normalidad, para volver a estar de pie frente a la vida, para volver a ver la belleza de las cosas, para poder volver a sonreír con ganas y disfrutar de la vida como debe ser. Pero será más adelante, de momento estoy en plena pelea, todavía faltan unos rounds, debo resistir, tengo que resistir, ya sé su habilidad para atacar, pero ya sé también que es hasta el último round, hasta que suene la última campana. Y ahí sí, esa pelea se da por finalizada, no hay vencido ni vencedores, ya que hasta ahora nunca me ha noqueado, me ha pegado duro pero no me ha noqueado y sé que no lo va a hacer, cómo lo sé?, porque conozco mi rival, sé hasta dónde llega, sabe que si me noquea no peleará más conmigo, buscará otros contendientes, por eso, por que somos casi como dos almas gemelas, luchamos solamente entre nosotros.

Tengo que dejarlos, sonó la campana y debo volver al ring, debo seguir luchando con mi rival, más adelante les contaré como sigue esta historia.

Un comentario

  1. Avatar de Mariela-Ismael
    Mariela-Ismael · octubre 18, 2020

    Roxana, Buenos días, qué lindo, muchas gracias por haber publicado mi testimonio. Si el mismo sirve de ayuda a alguien que pase por situaciones similares bienvenido sea.

    En al año 2000 comencé a participar del grupo”Cazabajones” en mi ciudad, lo hice por aproximadamente 5 años, fue algo muy positivo, se hablaba el mismo idioma te diría. Un grupo de autoayuda para personas con depresión, era lindo verle los rostros a personas que sentían verse identificadas en los relatos.

    Luego dejaron de funcionar los mismos y en mi ciudad no existe nada parecido en estos momentos. Una lástima, pero bueno hay que aceptar los cambios.

    Considero que es un tema que se está expandiendo bastante, pero que aún no es aceptado por el común de la gente. El que no lo pasa no sabe lo que se siente, por lo tanto es difícil ponerse en el lugar del otro en eso términos , no?

    De todas formas hay que seguir insistiendo por todos los flancos (como tú lo estás haciendo) para que cada día más gente sepa lo que es y los caminos de solución que existen.

    Te mando un apretado abrazo con los dos brazos.

    Ismael Paysandú-Uruguay.-

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