
Tengo muchas preguntas. Las he tenido desde hace mucho tiempo.
¿Por qué es tan difícil sentir de la manera que siento? ¿Por qué los químicos de mi cerebro no funcionan (según lo que dicen los doctores)? ¿Por qué me inunda una marea negra cada tanto tiempo para hundirme hasta lo más profundo? ¿Por qué necesito tomarme mis pastillas cada noche y verme al espejo cada mañana esperando encontrar algo nuevo?
¿Seré tan débil que se me complica tanto vivir?
Debilidad. Esa es la palabra y la cuestión. Que dicen que te vuelves más fuerte ante las adversidades de la vida, pero a veces me siento la más diminuta en el mundo cuando la depresión me sorprende otra vez.
No soy fuerte como los demás. No dejo de cargar con una nube personal sobre mí.
Y es que la obligación de ser feliz siempre está presente. Te metes a las redes sociales y todos están viviendo su best life. Nadie muestra las vulnerabilidades. Y uno cree, poco a poco, que así es la cosa en realidad. Y que uno es el único que sufre en este podrido mundo.
Y es justo cuando te preguntas… ¿seré yo el problema? Porque mis líos existenciales no son ni la mitad de lo mal que la pasa una buena parte de la humanidad. Hay problemas más serios que aquejan a las personas.
Pero cuando llega la depresión, cuando mi trastorno de ansiedad se presenta, cuando el llanto es incontenible y no veo escapatoria es cuando me pregunto qué más le falta a mi vida para que pueda vivirla a plenitud.
Sigo las indicaciones del psiquiatra, repito los consejos de mi psicóloga cuál mantra en mi cabeza, salgo con amigos, hablo de mis sentimientos y aún así aquí sigue esta sombra negra. Como un perro callejero siguiéndome. Un cúmulo de negatividad, una bola de inseguridades. Una melancolía profunda e infinita. ¿Seré débil, entonces?
A veces te aconsejan: come mejor, sal a correr, toma dos litris de agua, todo eso junto hará que tu depresión desaparezca. Y ahí anda uno tratando de encontrar la motivación para hacerlo todo en un solo día y sintiéndose mierda cuando no lo logras.
Creo que es válido sentirse así, sobre todo en el contexto en el que vivimos. Pero me gustaría responder a mi propia pregunta.
No.
NO SOY DÉBIL POR TENER DEPRESIÓN.
No soy un pedazo de papel que se quiebra fácilmente. Soy fuerte porque he tenido que luchar contra mí misma. Contra una parte oscura de mí que a veces quiere hacerme daño. Soy fuerte porque cada mañana me levanto y sigo con mi vida y muestro mis vulnerabilidades y trato de encontrarle sentido a esto. A todo.
Soy fuerte porque me enfrento a pensamientos tan trágicos diario y sigo adelante.
Soy fuerte porque soporto mareos, náuseas, sudoraciones, temblores, taquicardias, falta de respiración y dolores de estómago cuando tengo ataques de ansiedad y pánico.
Soy fuerte porque sigo aquí.