Día Mundial de la Salud Mental

Hablemos de salud mental

Hablemos de las noches sin dormir o de los días en los que dormimos de más.

Hablemos de las lágrimas en la regadera, del humor irritable, de la ansiedad atrás de la nuca, de las uñas enterradas en la piel.

Hablemos de los días oscuros y los pensamientos como tinieblas, de las ganas de matarnos o de las ganas de arrancarnos un brazo.

Hablemos de la desesperanza que se puede llegar a sentir en el corazón, del vacío en el alma, de la neblina en la cabeza.

Hablemos de los ataques de pánico, las horas mareado por un ataque de ansiedad, de las crisis y los episodios depresivos.

Hablemos de la terapia, de nuestros sentimientos, de los traumas impregnados en la piel.

Hablemos del estrés postraumático, del desorden alimenticio, de la esquizofrenia, de la depresión clínica.

Hablemos de los centros de rehabilitación y de la meditación.

Hablemos del medicamento psiquiátrico, de las sesiones en pareja, de la terapia familiar.

Hablemos de los tabúes, los estigmas y las heridas. De las cicatrices en los brazos y las quemaduras en las piernas.

Hablemos de sanar, perdonar y seguir. Hablemos de nuestra alma.

Hablemos.

Día mundial de la prevención del suicidio

Quise escribir algo que valiera la pena sobre este tema pero nada de lo que escribí me gustó. Se sentía hipócrita y sintético.

Así que mejor decidí hablar con la verdad y contarles algo que nadie más sabe en espera de que otras personas encuentren alivio en hablar del tema tan importantísimo como lo es este.

Espero ayudar aunque sea a una persona a sentirse mejor y buscar ayuda.

Aquí el video, gracias por escuchar.

Día mundial de la prevención del suicidio https://youtu.be/suqSPX_MAAM

Sobre la debilidad…

Tengo muchas preguntas. Las he tenido desde hace mucho tiempo.

¿Por qué es tan difícil sentir de la manera que siento? ¿Por qué los químicos de mi cerebro no funcionan (según lo que dicen los doctores)? ¿Por qué me inunda una marea negra cada tanto tiempo para hundirme hasta lo más profundo? ¿Por qué necesito tomarme mis pastillas cada noche y verme al espejo cada mañana esperando encontrar algo nuevo?

¿Seré tan débil que se me complica tanto vivir?

Debilidad. Esa es la palabra y la cuestión. Que dicen que te vuelves más fuerte ante las adversidades de la vida, pero a veces me siento la más diminuta en el mundo cuando la depresión me sorprende otra vez.

No soy fuerte como los demás. No dejo de cargar con una nube personal sobre mí.

Y es que la obligación de ser feliz siempre está presente. Te metes a las redes sociales y todos están viviendo su best life. Nadie muestra las vulnerabilidades. Y uno cree, poco a poco, que así es la cosa en realidad. Y que uno es el único que sufre en este podrido mundo.

Y es justo cuando te preguntas… ¿seré yo el problema? Porque mis líos existenciales no son ni la mitad de lo mal que la pasa una buena parte de la humanidad. Hay problemas más serios que aquejan a las personas.

Pero cuando llega la depresión, cuando mi trastorno de ansiedad se presenta, cuando el llanto es incontenible y no veo escapatoria es cuando me pregunto qué más le falta a mi vida para que pueda vivirla a plenitud.

Sigo las indicaciones del psiquiatra, repito los consejos de mi psicóloga cuál mantra en mi cabeza, salgo con amigos, hablo de mis sentimientos y aún así aquí sigue esta sombra negra. Como un perro callejero siguiéndome. Un cúmulo de negatividad, una bola de inseguridades. Una melancolía profunda e infinita. ¿Seré débil, entonces?

A veces te aconsejan: come mejor, sal a correr, toma dos litris de agua, todo eso junto hará que tu depresión desaparezca. Y ahí anda uno tratando de encontrar la motivación para hacerlo todo en un solo día y sintiéndose mierda cuando no lo logras.

Creo que es válido sentirse así, sobre todo en el contexto en el que vivimos. Pero me gustaría responder a mi propia pregunta.

No.

NO SOY DÉBIL POR TENER DEPRESIÓN.

No soy un pedazo de papel que se quiebra fácilmente. Soy fuerte porque he tenido que luchar contra mí misma. Contra una parte oscura de mí que a veces quiere hacerme daño. Soy fuerte porque cada mañana me levanto y sigo con mi vida y muestro mis vulnerabilidades y trato de encontrarle sentido a esto. A todo.

Soy fuerte porque me enfrento a pensamientos tan trágicos diario y sigo adelante.

Soy fuerte porque soporto mareos, náuseas, sudoraciones, temblores, taquicardias, falta de respiración y dolores de estómago cuando tengo ataques de ansiedad y pánico.

Soy fuerte porque sigo aquí.

Sobre el acto de ir a terapia

Esta reflexión fue enviada por Luis Fernando Guerrero, psicólogo, melómano, amigo.

¿Cuántas veces nos hemos apresurado a tomar una decisión? En los momentos más álgidos de nuestras vidas, una decisión es lo que marca el rumbo de nuestras propias historias para seguir adelante o no seguir. Yo, una vez decidí ir a terapia. Sin embargo, no era la primera vez que lo hacía. Solamente tuvieron que pasar pocos años para que regresara al punto donde todo una vez comenzó a sentirse. Era la misma angustia y la misma sensación de malestar que me acalambraba lugares de los cuales no era consciente o al menos solo eran el resultado de un poco de electricidad en mi cabeza. Tomé una decisión y decidí entenderlo. Decidí ir a terapia por primera vez en mi vida. Recuerdo el acto de no poder nombrar lo que sentía, el cómo me contrajo y me anudó a lo mas duro de mi cuerpo. Eso era lo que sentí cuando decidí ir. No era la primera vez que iba, pero sí la primera vez que decidía que iba a ir. Y fui. Y seguí yendo. Y sigo yendo. 

Llevo yendo ya casi diez años. Al principio quise hacerlo a mi manera y a mi forma sin saber que tenia que hacer. Solo dándome a entender a un ente al otro extremo del cubículo con paredes blancas, frías y pintadas con poco esfuerzo. Pensé que todo era sobre y para mi, sin importar mas allá de ese momento. Salía y el mundo parecía ser otro. Era oscuro e insensato. Me trataba mal, me quería hundir en sus eternas cascadas y al final del día ahí estaba ella. Lidiando con las mismas cascadas, al mismo tiempo y con la misma fuerza. Ahí lo entendí todo, ahí siempre va a estar ella. Algún día se va a tener que ir. La falsa idea de la eternidad la aprendí con ella y ahí estuvo cuando me negaba a aceptar lo que pasaba. A veces me enojaba con ella. A veces pensaba que ella se enojaba conmigo. ¿Por qué pensaba esto? Porque ella siempre me ha hecho ver el que piensa es uno y al otro se le comunica lo que uno piensa. Y también lo que uno siente, saber y quiere. 

Aprendí a perdonar, odiar, querer y deshacer. Sobre todo, he aprendido que el primero que siempre va a estar aquí es uno y a uno se le quiere, se le cuida y disfruta. No importa lo que hay afuera siempre y cuando el de adentro sea más amoroso y responsable con lo que es. Se es fiel a lo que uno es, a lo que uno desea y no desea. Y sigo yendo, siempre queriendo aprender y aprehender de lo que mi propio mundo es.

Testimonio 010 – TLP

Este testimonio nos lo comparte Beq

Hoy es un buen día, un buen día como hace algunos no tenia. Tengo trastorno limite de la personalidad (TLP), además de depresión y síndrome dismórfico premenstrual, toda una bomba, ¿eh? Voy por partes, el TLP es un trastorno que se genera a partir de una vulnerabilidad genética sumado a una invalidación ambiental que al converger en tu cabeza te desarrolla una personalidad sumamente difícil de controlar, te lleva a conductas autodestructivas y una impulsividad que nunca sabes de dónde carajos viene, hace algunos años comencé a sospechar de este trastorno al leer por Internet sobre él pero estuve tan mal informada por aquel entonces que no le di la importancia que debía, ¿consecuencia? Relaciones interpersonales sumamente inestables y dos intentos suicidas, además de múltiples auto lesiones. Actualmente tengo dos años en tratamiento psiquiátrico, tardé 4 psiquiatras y 3 psicólogos para llegar al lugar correcto, tengo apenas 6 meses con el tratamiento indicado y ya no he tenido intentos, mis crisis son menos frecuentes y mis habilidades para manejarlas no hacen más que aumentar. Fuerza, fuerza es todo lo que puedo recomendar, no hay que dejarnos ganar por un trastorno que al final de cuentas es una parte de nosotros, menos por uno que es parte de tu personalidad y al final de cuentas solo puedes controlar.

Testimonio 009 – La ansiedad

Este testimonio es compartido de forma anónima.

Lidiar con la ansiedad es en general algo a lo cual te acostumbras, aunque no lo quieras. Y eso no está ni de cerca bien. Todavía recuerdo los días en que no sufría desrealización/despersonalizacion (sensación de estar fuera del cuerpo mirando hacia adentro o sensación de que lo que ocurre alrededor de uno no es real); la vida transcurría a su tiempo y forma: de la forma correcta, presente, viva. La ansiedad me quitó todo eso. Quita lo real de las sensaciones básicas que una persona sin ella posee en su día a día. Para que te des una idea, lo comparo sencillamente como cuando te vas lejos de tu hogar por un tiempo. Con el tiempo tus recuerdos con amigos y familia en tu cómoda casa y su confort aparecen. Recuerdas las sensaciones de cuando eras niño, la comida, el olor, las costumbres. Pues la desrealizacion me es así. No logro encontrar el climax a la hora de mirar el presente que me rodea, de decir «Si, ¡Mierda! estoy viviendo». Ya no existe, porque no lo sientes. Solo lo recuerdas. Vivir con la esperanza de volver a sentirme así tampoco es algo grato, pero lo intento. Mi consejo es ir a terapia y no tener miedo a apostar por fármacos que te ayuden a salir de forma más tranquila, sin tantos altibajos. Luego, de a poco, se dejan y la terapia sigue haciendo su trabajo. Date tiempo. 

Notas sobre la desesperanza

Esto es una pequeña reflexión a título personal acerca de este sentimiento. – Roxana

El eterno para qué, el interrogante. ¿Alguien tiene acaso la respuesta?

Cuando hablamos de desesperanza creo que hablamos de manera puramente existencial. Va ligada directamente a las ganas de vivir, a guardar una ilusión, si acaso impoluta, del porvenir. Cuando hay esperanza hay una visión positiva sobre la vida, sobre nuestra existencia y el propósito de ésta. Cuando llega la desesperanza, existe entonces un hueco, un vacío que todo lo llena.

La desesperanza se siente como un hoyo cerca del pecho, apunta al estómago y nubla la cabeza. Me he familiarizado con ella, aunque cada vez que llega trato de impedirle que se quede por mucho tiempo a vivir conmigo, pues como todos sabemos, es peligrosa.

A veces me pregunto, sin embargo, si no es ésta necesaria en algunos momentos de nuestra vida, sobre todo para generar un cambio.

Hasta que no te has sentado después de sentir que lo has perdido todo, hasta que no te has mirado al espejo para ver solo una mancha borrosa, hasta ese preciso momento en el que sientes que algo dentro de ti está roto; es cuando más necesitas ponerte a buscar una respuesta.

Sé que representa un peligro cuando llega, pues estás caminando por la delgada línea de una depresión profunda, esa de la cual no quieres ni recordar su existencia. La desesperanza es camino directo a la depresión, y a veces, desgraciadamente, hacia el suicidio. Porque, ¿qué nos queda cuando ya no le encontramos el sentido a vivir? Como yo lo veo, hay dos opciones: irte más para abajo, o tratar de darle ese sentido a tu vida que tanto piensas que está perdido.

La desesperanza entonces, nutre a la depresión como a un cachorro hambriento. Es el perfecto platillo para sus necesidades. Además de ésta, la desesperación y la angustia entran en la partida, arrasando con la cordura. Caer en sus garras es perderse a sí mismo un poquito más con cada día que pasa, con cada segundo que desperdiciamos dentro de esa cueva oscura y fría.

La sensación, falsa en su mayoría, de tener el control sobre las cosas que nos acontecen, sobre nuestras decisiones y nuestro destino, es lo que nos hace apegarnos a la esperanza. Llenamos nuestro mundo de planes, de idas y venidas, dimes y diretes, arribas y abajos, momentos oscuros y completamente claros, recuerdos nítidos y otros no tanto; todo con la intención de trascender, de atesorar, de que vienen tiempos mejores, de que la felicidad está al alcance de nuestras manos. Pero cuando la nada se hace presente -la cual está en realidad siempre ahí, atrás de nuestros pensamientos- el control parece ceder y nos encontramos en una espiral de desesperanza interminable. La desesperanza es entonces, entregarse por completo a la nada.

Es por esto que creo que la desesperanza viene para obligarnos a encontrarle sentido a la existencia. ¿No estamos todos acaso en ese punto? ¿No nos hemos encontrado todos pensando a las tres de la mañana cuál es nuestro propósito en la vida? Si bien la angustia es terrible, es lo que nos mueve a buscar la respuesta. Pequeñas dosis de desesperanza y angustia constituyen una existencia con mayor sentido, son útiles hasta cierto punto. Sólo pequeñas dosis, quiero decir.

No hay que perder de vista que la desesperanza no es un síntoma menor y es pertinente prestar atención cuando alguien se siente así. A pesar de que todos lleguemos a pasar por periodos de desesperanza, no es normal encontrarse perpetuamente asediado por ella.

La desesperanza se aborda entonces con paciencia, con un esfuerzo enorme disfrazado de trabajo mínimo, pequeños pasos, aprender a gatear de nuevo. Aprender a manejar nuestros miedos es un acto de rebeldía ante la vida, ante este sentimiento apabullante que nos puede saltar encima de pronto. Cuando vas para abajo, a veces sólo quieres seguir cayendo. Es peligroso encontrarse en ese punto, pero es tan común que les sorprendería a la mayoría saber que hay miles de personas que se llegan a sentir así en algún momento de sus vidas.

Por eso creo que hay que iniciar la conversación sobre todos estos sentimientos oscuros que nos pueden abordar. No únicamente sobre la depresión, uno de los monstruos más negros que existen. Sino también sobre la angustia, la desesperación, la desolación y la nostalgia. Son conceptos que debemos aprehender, diseccionar, comprender cómo funcionan, sólo así quizás podamos desbaratarlos para poder controlarlos.